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Los mil amigos de Mario López Magdaleno

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23.03.2026

23 de marzo 2026 - 04:00

Hay que mandarle un mensaje de ánimo, solidaridad y apoyo a quienes tienen balcones por donde pasan cofradías y reciben esta semana el mensaje del trincón y caradura de turno que, si se revisa el chat, no escribía desde la tarde del 24 de diciembre, cuando tenía dos copas de Castellblanch de más. El tío se vuelve a acordar ahora del que tiene una atalaya comodísima para ver el paso de una, dos o un montón de cofradías, porque hay diferentes categorías, sin olvidar la distinción que el gerente de Urbanismo, señor Vázquez, hace entre un balcón (social) y una casa (hogar), que no es lo mismo a efectos de Semana Santa. La categoría especial se la lleva Mario López Magdaleno, el dueño del Palacio de la Motilla, el bello edificio historicista que tiene amplias terrazas a las calles Cuna y Laraña. Hay que mandarle un abrazo de ánimo porque el teléfono móvil debe echarle humo de incensarios del Silencio en esta semana de Pasión. Don Mario bien puede sacar un programa de mano titulado Semana Santa en la Motilla. A Magdaleno le salen mil amigos estos días, de esos que insisten y que deben generar el comentario aquel de Romanones sobre los académicos: "Joder, qué tropa". Y lo peor es que el autoinvitado se presente con cuatro croqueteros a ver la Amargura y lleguen con un alicatado trabajado desde mediodía. ¿Hay algo más pesado en Semana Santa que un tío pasado de etanol? Nuestra solidaridad con el presidente de Magtel, que compró hace unos años el palacio con toda su ilusión, en esta durísima semana de embestidas de aprovechados, abusones, figurones y agradaores. En esta sociedad ya no se aplica aquello que enseñaban en los tiempos de la extinta Educación General Básica. No se fuerzan invitaciones, no se autoinvita uno a casa ajena. Claro, por algo se denominaba educación "básica".

También debemos enviar un ánimo especial a don Jesús Vera, que disfruta de balconazo en Filella. ¡Al suelo, Jesús, que suena el teléfono! Y remitirle unas torrijas a Carlos Herrera y Rosauro Varo, que defienden heroicamente sus posiciones en esa codiciada Cuesta del Rosario. Hasta debe sonarles el teléfono fijo de las llamadas de gente que, mire usted por dónde, solo quería saludar y verles si "por un casual" están por Sevilla". Activen las risas en off. ¡Y no se nos olviden las privilegiadas vistas del empresario Rafael Cebolla en la Plaza del Salvador! Se han convertido en otra cima a coronar por los trepadores que no pagan nada, pero que, como en verano, aspiran al disfrute del barco ajeno. En las terrazas y balcones hay toda una Semana Santa que pide un observatorio de los efectos del cemento en los rostros. ¡A los balcones, a los balcones! Naturalmente ajenos. Si no, la empresa carece de mérito. La peor penitencia es la de quien manda un aviso por la mañana: "Llegaremos antes para no tener problemas de acceso por las bullas". Entre los trincones, como se ve, también hay categorías.

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