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Las ventajas de un AVE deficiente

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20.03.2026

20 de marzo 2026 - 04:00

En cualquier sociedad que se rija por parámetros normales de valoración de los servicios públicos, el ministro de Transporte debería estar en la calle y los miembros del Gobierno a la búsqueda de la oficina de empleo más próxima. El estado calamitoso en el que se encuentra el AVE no tiene perdón ni en tiempo de cuaresma. Que esta tropa de irresponsables hayan fastidiado las magníficas comunicaciones de Andalucía por alta velocidad con el resto de España es para colocar sus nombres en mármol para que nunca se nos olviden. La lista de daños y perjuicios es extensa, el último que lo pregunten en Málaga, a la que dejan sin AVE nada menos que en Semana Santa. Pero como no conviene abusar del vinagre, sino tener claras las cosas de cara a las próximas elecciones, hay que sacar conclusiones positivas de las líneas de AVE que funcionan. Malamente, pero funcionan. Los trenes tardan más, luego se puede dormir más, trabajar más en el ordenador y mantener tertulias más largas con sus compañeros de viaje. Un importante empresario nos telefoneó el otro día: "¿Te has dado cuenta de que no se corta la línea? Llevamos casi quince minutos hablando y ni te has dado cuenta de que voy en un tren, como va tan despacito no se altera la cobertura. Esto es una maravilla, ahora saco el ordenador y me pongo a teclear con toda comodidad". Hay que ser positivos, sin duda. El que no ve la parte buena es porque debe ser un mal andaluz, un reaccionario, un fascista, un ciudadano atormentado.

¿Problemas con el AVE? Todo son ventajas desde que este Gobierno ha destrozado la mejor infraestructura que tenía el Sur para no quedarse descolgado, desde que han reventado el mejor legado del 92, cuando Felipe González fue valiente y entonó el ahora o nunca para que la primera línea fuera la andaluza. Aunque algún cateto de tertulia hay que siempre dice que esa línea conectó solamente Sevilla, no Andalucía. ¡Ojú, con los gatos en el vientre! Quince años tardó Cataluña en tener el AVE, pero el tipo sigue erre que erre con su provincianismo. En cualquier caso, el AVE ahora es un valle de lágrimas que conviene tomarse con buen humor. El tren se para o circula despacito, usted se levanta, se marcha a la cafetería sorteando pies descalzos y se toma su aperitivo o su café. Como la velocidad es baja, se tarda más en llegar a los túneles, luego puede hablar por el teléfono móvil. No llegar en hora agudiza el ingenio, hará cosas que no hubiera imaginado con los horarios establecidos. Tiene más tiempo para estar a solas, reencontrarse consigo mismo, que es lo que siempre recomiendan los motivadores, psicólogos comerciales y otros gurús. Todo en el mismo precio del billete, no tiene que viajar a lejanos monasterios, ni a casas rurales. Usted y el tren, el tren y usted. Si lo piensa bien, es una experiencia contra la ansiedad del reloj. Y nos hemos acostumbrado a la chapuza con gran naturalidad. Sale el ministro mostrenco a decir barbaridades y nos quedamos igual. Somos supervivientes. Aprovechen el viaje: lean, escriban, hablen sin interrupciones por teléfono.

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