La procesión con más mérito del año
13 de abril 2026 - 04:00
Si existiera una medalla al mérito cofradiero habría que considerar la propuesta de la Archicofradía Sacramental del Sagrario de la Catedral. Mantiene un cortejo expresamente organizado para llevar la comunión a los enfermos e impedidos, una procesión pascual preciosa, con estilo propio y un sabor único. Y decimos que la mantiene porque no hace mucho tiempo que se barajó su suspensión. Casi no quedan vecinos en el centro y el ambiente no es el más apropiado. Hemos visto en los últimos años una procesión marcada por una insoportable cantidade de turistas que atosigan con sus teléfonos móviles, un itinerario marcado por los maletones de los que terminan de abandonar la habitación o el apartamento, los que se asoman a los balcones en pijama, los que se cuelan en el templo o en la comitiva con la curiosidad del novelero y consumista y, cómo no, por todas esas conductas propias de quienes no tienen ni pajolera idea de lo que están presenciando, ni tampoco, esto es lo peor, un mínimo sentido de la prudencia. Siempre hemos expuesto que el turismo propiamente dicho no es un problema, sí lo es la mala educación. También hemos visto esta preciosa procesión entre soñolientos forofos de una final de fútbol disputada la noche anterior, sufriendo los atascos del Arenal cuando ha coincidido con la exhibición de enganches y, por supuesto, entre resacosos (y resacosas) participantes de catetas despedidas de soltería. Hasta un año la vimos sin ayuda policial para cortar el tráfico, cosa que, por fortuna, no ocurrió ayer, pues hubo momentos con tres agentes presentes. Pese a tantos factores desagradablemente en contra, ¡ahí siguen los hermanos del Sagrario con Su Divina Majestad bajo palio! Con las representaciones de las cofradías de la feligresía, con sus chaqués, su cuerpo de niños carráncanos, sus monaguillos, su guion sacramental, sus faroles de mano, su cera roja, su banda de música...
No importa que el público sea de turistas en un 80%, como escribe Diego J. Geniz. Ni que el templo del Sagrario estuviera un tiempo cerrado por obras, o que sufriera el parón de la pandemia. El caso de la Sacramental del Sagrario, que es de las escasas sacramentales puras, es de medalla al mérito cofradiero. "A veces pienso qué pintamos ya por aquí, si no hay siquiera un bar de Sevilla para desayunar", oímos la reflexión. Habrá que seguir, perseverar y seguir haciendo las cosas como se hacen "aunque los vientos se vuelvan", que diría el precioso verso de Aurelio Verde. La procesión pascual no puede depender de modas, un turismo depredador, fechas lastradas por eventos deportivos que dejan el centro como un estercolero, o que haya más o menos impedidos. Hay que felicitar a Eduardo Osborne, presidente de la Archicofradía Sacramental del Sagrario, que se estrenó ayer como tal en la dominica in albis, como hay que agradecer cada día más que Guillermo Mira mantuviera el empuje, las ganas y la ilusión. No salir sería una derrota, hacerlo es dar ejemplo con lo más importante: el Santísimo Sacramento.
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