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El maniquí de los Estados Unidos

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10.04.2026

10 de abril 2026 - 04:00

Se abre el telón, el tipo comparece, gesticula como en sus días de presentador televisivo y, si no fuera por la tragedia que se sufre en Oriente Medio, sería directamente irrisorio. Nos referimos al secretario de Guerra de los Estados Unidos, Peter Hegseth, que parece un maniquí del antiguo Cortefiel y que dispara el precio del pan cada vez que convoca a la prensa. Es el icono sonrojante de la crisis que marca los telediarios. Presume de una intervención militar en el estrecho de Ormuz, pero el estrecho sigue cerrado desde que, precisamente, comenzó la ofensiva. ¿Dónde está, oh Estados Unidos, tu victoria? El régimen de los ayatolás no ha caído, no se ha destruido ninguna civilización, no hay paz, la tregua es tan de cristal que en su primer día Israel atacó Beirut con 160 bombas y cada ultimátum de Trump se ha incumplido. Y que no se mueva un varal. Pero el maniquí sigue con un discurso triunfalista que debe partir de la premisa de que el cociente intelectual medio de sus administrados es muy bajo. Estados Unidos no ha hecho más que perder desde el 28 de febrero. Se aproxima una inflación, fenómeno que el pueblo norteamericano suele digerir con dificultades. No tienen n uestro estado del bienestar, pero disfrutan de la promesa firme de que el precio de la gasolina no se dispara. Y menos digiere aún que se produzcan muertos lejos de casa y en defensa de interés no directos de la nación. O bajas, como se prefiere decir para reducir la gravedad. Se entiende la venta de operaciones de los rescates de pilotos como si fueran de película. Da la impresión de que la primera potencia se ha metido en un callejón sin salida del que, por el bien de todos, debe escapar con la cabeza tan alta que parezca que ha ganado.

El seguidismo norteamericano hacia Israel es más que llamativo, próximo a aquellas adhesiones inquebrantables tan conocidas en España. Y Europa asiste a todo como la chacha que teme acabar pagando los platos rotos. El débil siempre se lleva los peores golpes. El secretario general de la OTAN es un agradaó que incurre en la indecencia con tal de salvar el puesto. La presidenta europea ya aceptó la humillación al tragar entrevistarse con Trump en su club privado de golf de Escocia. Política de maniquí, de discursos épicos y alborotados, y de amenazas de pinchazos del balón (como el anuncio de abandonar las bases españolas que anima a Marruecos a entrar en la puja). Europa no quiere ver que el gran protector se ha convertido en la principal amenaza. Prefiere seguir soñando con el toque de cornetín que antecede a la llegada del Séptimo de Caballería que nos salva de los malvados. El maniquí dice que la intervención ha sido un éxito. Digámosle como el cochero del anuncio de Terry: “Usted sí que sabe”. Y mientras, los europeos debemos organizar nuestra propia protección. Mejor la cultura de defensa, que la Secretaría de Guerra.

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