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Venezuela y el fin de la neutralidad europea

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09.01.2026

Nicolás Maduro duerme esta noche en una celda de Nueva York. El régimen que convirtió Venezuela en un Estado fallido, que anuló elecciones, encarceló opositores y provocó el mayor éxodo migratorio de la historia latinoamericana, ha caído. Nadie con un mínimo de honestidad intelectual puede lamentar el fin de una dictadura que empobreció a treinta millones de personas mientras sus jerarcas acumulaban fortunas en paraísos fiscales. Dicho esto, la forma en que ha terminado exige un análisis que separe el juicio moral del estratégico.

La intervención estadounidense del 3 de enero no responde principalmente a preocupaciones sobre democracia, derechos humanos o narcotráfico. Estas narrativas, aunque parcialmente ciertas, ocultan el incentivo estructural que explica por qué Washington decidió actuar ahora y con esta contundencia. La clave está en una paradoja que pocos comprenden: Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, pero sigue necesitando importar crudo. No cualquier crudo. El petróleo adecuado.

Las refinerías de la Costa del Golfo, que concentran más de la mitad de la capacidad de refinación estadounidense, fueron concebidas para procesar crudo pesado, más denso y complejo. La revolución del shale ha convertido a Estados Unidos en el mayor productor mundial de petróleo, pero mayoritariamente de crudo ligero: abundante, fluido y poco viscoso. Ese petróleo resulta idóneo para........

© Diario de Navarra