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Dejemos a la testosterona

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31.07.2026

Dejemos a la testosterona

La tradicional guerra de trincheras, que quizás sí se podría beneficiar de soldados dopados, hace mucho que ha pasado a la historia

Infantes de marina españoles de unidades de Operaciones Especiales / Armada

Hace unos días, Pete Hegseth, que en el Gobierno de EEUU hace de secretario de Defensa (ellos dicen de la Guerra, toda una declaración de principios), anunció que mirarían los niveles de testosterona a los soldados mayores de 30 años para que, quien «necesite», tome suplementos, insistiendo que será voluntario. Lo vende como una manera de «recuperar las capacidades óptimas naturales», más que como un programa de doping supremacista. Cuesta resumir en un solo artículo todas las cosas erróneas de esta idea.

Para empezar: medir la testosterona en un solo análisis en lugar de un seguimiento a lo largo del tiempo (como todas las hormonas, no mantiene unos niveles constantes). O asumir que hay una cifra óptima de testosterona para ser soldado. O, quizás la peor, la simplificación que es equiparar la cantidad de testosterona en la sangre a fuerza, valentía, resistencia y capacidad de luchar. Algunos críticos han pintado una imagen de los soldados testosterónicos como animales incontrolables que irán asediando a todo el que se ponga por delante, que tampoco es el caso. Las agresiones sexuales, por desgracia habituales en entornos militares, tienen más a ver con la cultura que con las hormonas, como todo el resto.

Es trágico que Hegseth fomente esta imagen del soldado perfecto, más........

© Diario de Mallorca