Una noche con Farah Diba
Opinión | UN VERANO A LA ÚLTIMA
Una noche con Farah Diba
Historia de una entrevista que generó un conflicto entre las casas reales iraní y española. Hasta que Farah Diba leyó la traducción al inglés y dio el visto bueno
Farah Diba. / Matías Vallés
Corría febrero en 1997, lo recuerdo porque no todos los meses se recibe una oferta imperial. La invitación estaba clara:
-¿Vienes a ver a Farah Diba?
La insistencia visual no implicaba una licencia, imponía un límite. El mito no se toca, no se le incomoda con preguntas improcedentes. Un saludo fugaz, una cortesía verbal, y te distraes con los integrantes de la diáspora iraní que asistían a la fiesta en la residencia mallorquina del sobrino del último sha.
Obedeces escrupulosamente. Estrechas la mano de la emperatriz o ‘Shabanu’, como la acataban sus compatriotas, y ya has cumplido con el protocolo. Así que te hundes en un cómodo sofá persa y te limitas a observar a los asistentes al sarao nocturno. Hasta que una dama atrevida se sienta a tu lado. Y resulta que se llama Farah Diba, y que se encuentra tan fuera de lugar como tú mismo, y que te asalta con la curiosidad felina de quien te está tanteando:
-¿Qué tal el nuevo presidente del Gobierno?
Has perdido el autocontrol, solo ves a la mujer que había sido coronada emperatriz de Irán treinta años atrás en Persépolis, recuerda tu ejemplar de Hola. Así que te cuesta encajar que «el nuevo presidente del Gobierno» es José María Aznar, y balbuceas una respuesta de........
