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Mercadeo

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01.03.2026

Creado: 01.03.2026 | 06:00

Actualizado: 01.03.2026 | 06:00

Para compensar de forma irónica que entonces se hurtara la pregunta a los leoneses, la conmemoración de los 43 años del Estatuto de Autonomía se enmarcó esta semana en el prólogo de la pegada de carteles de la campaña electoral autonómica. Tiene gracia. Esta vez sí se podrá votar. Aunque no se consulte lo que entonces se sabía con más fiabilidad que las encuestas de Tezanos qué resultado hubiera tenido, como clamaron de forma masiva los ciudadanos en las calles y los ayuntamientos en la consulta interna de la Diputación. No ha cambiado mucho. Lejos de enmendar la traición de quienes se envolvieron en la bandera cuartelada para medrar con la excusa de que reforzaría a León dentro de una comunidad más grande, que sólo buscaba atenuar los nacionalismos periféricos, la perspectiva ha actualizado el engendro de la organización territorial a la luz de los resultados demográficos y económicos que contrastan aquel 1983 con el día de hoy. No se puede volver atrás, pero que no les tapen los ojos para llevarles otra vez por donde quieren con el cuento de que no hay otro camino.

Delante siempre hay un horizonte, como intentan convencer los partidos a los votantes: ese personaje principal de la campaña que sustituye a los ciudadanos hasta que lleguen las urnas el 15 de marzo. Luego ya se entienden entre ellos. Pero ahora la realidad queda en suspenso durante esta quincena en la que los partidos políticos se lanzan al disparatado zoco en el que ofrecer las mismas promesas incumplidas de hace cuatro, ocho, doce o dieciséis años, mientras se arrojan unos a otros el resultado de sus respectivos fracasos. El fondo de los programas no cambia apenas porque no lo van a cumplir. Ni la fórmula para publicitarlos, con los asaltos en mitad de la calle para saludarlo como si le conocieran de algo, los gritos en los titulares, el fango en pastillas de los mensajes manipulados que emponzoñan las redes y las trasnochadas carpas en mitad de los mercadillos para repartir propaganda con flores, como si se tratara de vendedores de mercancía gratuita. No les cobrarán nada. Pero la máxima les debe poner en alerta: cuando algo no cuesta, la mercancía es uno mismo. Una vez comprada, se termina por pagar por ella.


© Diario de León