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Más gente que invitados

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27.03.2026

27 de marzo 2026 - 03:06

Se hace viral el comentario en voz baja de un director deportivo, el del Sevilla F.C., en la presentación del nuevo entrenador. “Esto parece un velatorio”, expresó el hombre con toda la razón sin ser consciente de que era grabado. Las verdades suelen proclamarse en voz baja. Y es mejor no decirlas cuando se ven, se sienten y se palpan. Describir con palabras cuanto vemos encierra un riesgo gratuito. Ya sabemos que hay quien soporta todo tipo de ofensas, pero reacciona como un energúmeno cuando le llaman “individuo”. Y que al calvo se le puede decir de todo menos calvo. A Rajoy lo pillaron cuando un 11 de octubre soltó que en la agenda del día siguiente tenía “el coñazo del desfile”. Trillo soltó el “manda huevos” cuando estaba nada menos que de presidente del Congreso de los Diputados. En Andalucía tuvimos el episodio de Diego Valderas, de Izquierda Unida, refiriéndose en un cierre de campaña a una socialista como “la de las tetas gordas”. Estas cosas se perdonan pronto entre rojos, como ocurrió cuando pillaron a Dolores Delgado largando de Fernando Marlaska durante un almuerzo distendido. ¡Pelillos a la mar! Si los improperios vienen de los azules, leña al mono hasta que hable inglés. Y algunos se tiran al suelo como el delantero fullero que simula un dolor insoportable para que el árbitro pite penalti. Quizás uno de los mejores comentarios se lo oímos a un fino andaluz que casi no podía moverse en la fiesta de inauguración de su negocio de relumbrón. El hombre estaba ya un tanto nervioso porque se le había ido de madre la convocatoria. Y de pronto exclamó: “¡Aquí hay más gente que invitados!”. Se lio parda porque de inmediato hubo varios señores que se dieron por aludidos. La verdad es que había varios que se habían colado, otros acudieron con más acompañantes de la cuenta y no faltaban los que arrastraban el jolgorio desde mediodía y suelen ser propensos al peligroso empalme con un acto de las ocho de la tarde. Una norma básica es que no debe haber más gente que invitados, pero otra es cantar la verdad delante de los posibles interfectos. Un reconocido cofrade de puertas abiertas abrió su balcón para sus amistades un día de Semana Santa. Al piso subieron personas que el buen hombre no reconocía. Con toda prudencia interrogó a un señor que se movía como con mucha soltura: “¿Por quién vengo yo? Por el dueño, Carlos Herrera, que todos los años me invita”. El anfitrión se quedó perplejo y optó por reírse.

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