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Traslarena, entre la resistencia y el olvido

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03.01.2026

del antiguo cementerio de Traslarena vuelve a abrirse al mundo. Y lo hace como quien despierta después de un sueño largo y pesado, deseoso de recuperar la voz que un día tuvo y que el tiempo, la desidia y las máquinas quisieron arrebatarle. Su reinauguración no es solo un acto institucional: es un regreso, un reencuentro íntimo entre un pueblo y uno de sus lugares más cargados de sentido. Un rincón donde la memoria sobrevivió, a veces a duras penas, gracias al empeño de una comunidad que nunca quiso renunciar a sus raíces.

A simple vista, Traslarena puede parecer un cementerio pequeño, casi modesto. Pero su historia es enorme. Nació del miedo, de la urgencia y del dolor. Corría el año 1893 cuando el cólera morbo golpeó Tenerife con una fuerza devastadora. San Andrés, entonces un pueblo de apenas 550 habitantes, vio morir a cerca del 10% de su gente. Las fosas del viejo cementerio parroquial, adosado a la iglesia, ya no podían acoger más cuerpos. Y fue entonces cuando el párroco Manuel Cedrés Hernández decidió actuar. Habilitó con rapidez un terreno cercano al mar, en la zona conocida como Las Arenas, para acoger a los fallecidos. Un lugar a la intemperie, provisional, levantado más por necesidad que por planificación.

Allí, el 22 de noviembre de ese año, fue enterrada Concepción Peña Morales, una joven de solo 20 años, hija de José Peña González y Ramona Morales. En el libro de enterramientos, el propio párroco dejó constancia de que Concepción fue “la primera que fue sepultada en el sitio que se designó para los coléricos en virtud de no caber en el cementerio antiguo”. Su nombre, que pudo haber bautizado al recinto como........

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