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El petróleo para Cuba - Cloned

7 10
tuesday
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Hay metáforas que explican mejor la política que 100 discursos. 

El llamado paradigma de la rana –esa historia en la que el animal no salta cuando el agua se calienta poco a poco y termina hervido– describe con inquietante precisión la posición de la presidenta Claudia Sheinbaum frente a Donald Trump, no es que no vea el fuego. 

Es que lo siente tibio. 

Trump no llega con una amenaza frontal. Llega con insinuaciones –como atacar terrestremente a los cárteles–, con mensajes ambiguos y decisiones graduales que parecen manejables –como los aranceles–. Ella vive en la negación.

Un tuit hoy, una exigencia mañana, una advertencia envuelta en negociación pasado mañana. 

Nada que amerite, en apariencia, un salto brusco, y ahí está el riesgo: cuando el aumento es incremental, la reacción se aplaza, Sheinbaum ha optado por una estrategia de contención silenciosa. 

Evitar el choque, administrar el daño, ganar tiempo, en el corto plazo suena razonable, en el largo, puede ser letal, el problema del paradigma de la rana no es la falta de inteligencia, sino la normalización del peligro.

Cada concesión parece menor porque la anterior ya se aceptó. 

Desde Palacio Nacional se lee a Trump como un actor predecible en su imprevisibilidad, se apuesta a que el cálculo económico lo contenga, a que los mercados lo disciplinen, a que la interdependencia norteamericana frene sus impulsos, pero Trump no gobierna con termómetro, gobierna con instinto, y cuando decide subir la flama, lo hace sin avisar.

La rana también enfrenta un dilema político interno, saltar de la olla implica costos: confrontar a Trump, endurecer el........

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