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La verdad de lo fingido

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13.07.2026

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Hay máscaras, traiciones y señores disfrazados que juran odiarse desde hace años. 

Todo está construido para contar una historia.

Pero tampoco hay que pasarse de la raya.

Una cosa es que exista un guion y otra muy distinta es aventarse desde la tercera cuerda sobre otro ser humano. 

La lona será parte del espectáculo, pero colchón de hotel definitivamente no es.

El sábado terminé en la Arena Potosí, en San Luis, gritándole a un gringo enmascarado que, dos horas antes, ni siquiera sabía que existía.

Una persona muy cercana trabaja dentro del nuevo proyecto de la AAA y me invitó. 

Yo llegué con la actitud del que va “a acompañar”: acepta la invitación, compra algo de comer y calcula a qué hora podrá regresar.

Pero esta vez no pasó.

Dos horas y media después seguía sentado, viendo a El Grande Americano luchando con Los Perros del Mal, mientras una arena completa gritaba, se reía, insultaba y celebraba cada golpe con una emoción desmedida.

Y la verdad, salí sorprendido.

Mi relación con la lucha libre es parecida a la de muchos chavitos de mi generación: primero la conocimos en inglés.

Antes de saber bien qué era la AAA, ya conocíamos a Rey Mysterio, Undertaker, Batista y John Cena. Después volteábamos hacia México: La Parka, Octagón, Psycho Clown.

Muchos importamos el fanatismo para después........

© Detona