menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La excusa propiciatoria o la inutilidad de la ONU

20 0
28.09.2026

Cargando reproductor...

Cada septiembre se repite la misma escenografía en Nueva York. 

Ochenta y tantos jefes de Estado y medio centenar de jefes de gobierno suben a la misma tribuna del debate general de la Asamblea de la ONU, cada uno con su turno cronometrado, su intérprete, su aplauso protocolario, para decir casi siempre lo mismo que dijeron el año anterior. 

Esta edición abrió con Lula, seguido de Trump, y a pocos kilómetros de la sede, en una prisión federal de Brooklyn, esperaba juicio el hombre que hace apenas un año ocupaba una butaca en ese mismo salón, Nicolás Maduro. 

Nadie tuvo que mencionarlo para que su ausencia dijera más que cualquiera de los discursos pronunciados esa semana.

Ver ese desfile anual de banderas, apretones de manos y fotografías protocolarias es medir con precisión cuánto ha cambiado el mundo desde la última vez, que casi siempre es nada. 

Se habla de paz mientras las bombas siguen cayendo, se habla de cooperación mientras cada delegación negocia por separado su propia salida, se habla de futuro compartido mientras el salón se vacía en cuanto termina el turno de cada quien.

La ceremonia se repite intacta, generación tras generación, y ese ritual vacío es quizás el síntoma más claro de la palabra que da título a este texto.

Ver las escenas de ataques mutuos entre países, Rusia contra Ucrania, Israel contra Irán, y tantos otros frentes que ya perdimos la cuenta, es recordar algo muy triste, que todo esto ya lo habíamos vivido demasiadas veces antes y que precisamente para evitar que volviera a pasar se construyó algo que hoy parece habernos quedado grande.

El siglo XX dejó dos grandes guerras y un montón de ruinas, y de esas ruinas salió algo que no se había visto antes con esa escala, un humanismo solidario y convivencial que se volvió el acicate global de una generación entera que al parecer ya se fue. 

No fue un sentimiento espontáneo, fue una maquinaria........

© Detona