Apuntes para desmemoriados (III), cuando se acabe la fiesta
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Las dos columnas anteriores fueron diagnóstico.
Como están las cosas esta es apuesta, y las apuestas obligan al riesgo de errar.
Así que aquí va:
El próximo ciclo de crecimiento (si lo hay) en Occidente ya tiene motor, y no somos nosotros.
Ese motor sigue siendo Estados Unidos, y no porque lo digan sus propios voceros, eso lo dicen desde 1945 y a veces mintieron, sino porque no existe en el horizonte ningún otro mercado de consumo con esa potencia, esa profundidad y esa velocidad de absorción mas cerca de nosotros.
Europa no lo va a ser:
Seguirá su propia ruta de acomodamiento lento, con Alemania otra vez como centro motriz de una economía que confunde deliberación con parálisis, y que se va a tardar una década discutiendo lo que Washington resuelve en un trimestre.
China, que construyó sesenta años de superávit exportando más barato de lo que le costaba producir, ya está llegando al fondo de ese pozo:
Le va a tocar, tarde o temprano, aceptar bailar al ritmo que le marquen desde el norte, porque un país no puede vender para siempre más de lo que compra sin que alguien, en algún momento, deje de comprarle, pero debe reconocerse: ese motor americano tampoco está del todo sano.
El propio Tesoro estadounidense reconoció este año un pasivo neto que ronda los cuarenta y dos billones de dólares, y el fondo que sostiene las pensiones de sus jubilados se agota en 2032.
No hay refugio seguro al que amarrarse sin condiciones, hay, apenas, el mercado más grande disponible, y hay que usarlo........
