Remedios: pólvora, fiesta, tradición y pueblo
Catorce horas en ómnibus desde Santiago de Cuba hasta Santa Clara bastan para que el cansancio haga dudar. El cuerpo reclama, la mente cuestiona si valdrá la pena tanto tiempo de viaje para una festividad tantas veces vista solo a través de fotos, videos y relatos ajenos. Pero hay viajes que no se miden en kilómetros ni en horas, sino en aquello que prometen. San Juan de los Remedios no se explica: se vive.
La llegada, cerca del mediodía de nochebuena, ya daba señales inequívocas. El parque central, en pocas horas, pasó de congregar a un centenar de personas a reunir a miles. Cubanos de todas las provincias, visitantes extranjeros, cámaras, mochilas, acentos diversos. Una francesa me confesó que había llegado por recomendación de personas cercanas, en aras de celebrar allí la navidad con su familia. No era la única. La festividad más antigua de la mayor de las Antillas convoca.
Mis amigos —algunos curtidos en estas lides parranderas— compartían la misma emoción de quienes pisamos por primera vez la octava villa de Cuba en su gran noche. Allí, la Parroquial Mayor San Juan Bautista, joya arquitectónica y espiritual, imponente y serena, se erige como testigo silencioso de una tradición que lleva 205 años desafiando al tiempo.
***
A las cuatro de la tarde del 24 de diciembre de 2025, las personas se agolpan en los alrededores de la plaza Isabel II (hoy parque Martí) para presenciar una competencia fraterna entre dos barrios: el poderoso El Carmen, identificado con el carmelita y el gavilán, y el invencible San Salvador, representado por el rojo y el gallo.
A las cinco en punto, los sansaríes, al ritmo de música popular y armados de fuegos artificiales, dan la vuelta a la plaza y saludan al barrio........
