Las parrandas entre el ritual y la soledad de la esfinge
He seguido a lo largo del año varios procesos identitarios relacionados con el complejo cultural más diverso que poseen las fiestas populares cubanas. En este ciclo que se inicia y se cierra con parrandas en los pueblos de la región central hay varios elementos que establecen un equilibrio y arrojan resultados dispares. Por una parte, la continuación del suceso, el hecho de que se extienda sin interrupciones, son ganancias que vertebran hasta cierto punto su permanencia, su victoria; pero las parrandas son más que conmemoración, hay allí una realidad más honda que conviene destacar si se quiere comprender el fenómeno. La identidad nacional no está circunscrita a símbolos consabidos y pétreos, sino que opera más como un magma hegemónico que se contamina con sustancias históricas de cada contexto.
Cuando se cierra el ciclo nacional, de inmediato se está abriendo otro. Las parrandas no terminan en la celebración del Zulueta el 31 de diciembre, ni poseen en Remedios —con toda la pompa, el lujo y el derroche que caracterizan esa festividad— su única cumbre. Hay que desenterrar un entendimiento que ya fuera formulado en tiempos anteriores y que tiene que ver con la noción de las parrandas como teatro popular, en el que cada presentación en las plazas y calles acontece como una escena improvisada. Aunque hay elementos que se reiteran y marcan el ritmo de la tradición, lo teatral garantiza una renovación constante e impone una expectativa creciente. Son esos ingredientes íntimos los que le otorgan a las parrandas esa sustancia que las beneficia, las revitaliza y las transforma resilientemente. Una vez más, lo intangible, lo que no se ve a simple vista, marcan la variedad, el disfrute y la evolución artística de la fiesta, haciendo que se trate de algo más que un jolgorio. Las parrandas son talleres formativos de oralidad, trasmisión de saberes artesanales, pedagogía cultural, difusión de conceptos de la historia y la apreciación de las artes. Hay rigor en una carroza, hasta el punto de estudiar sus temas y recrearlos de una forma original, rompedora, pero en el fondo canónica y apegada.
Dice el filósofo Byung Chul Han en su obra que vivimos en la sociedad del cansancio, en la cual los rituales........
