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Lo de Rufián

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12.10.2026

1- Trump acuerda con Putin la compra de 300.000 –o 500.000– toneladas de diésel. El objetivo de esta compra, que envía al garete las sanciones a Rusia, es bajar el precio del combustible en EEUU, de cara a las elecciones de noviembre. Pero esa cantidad asombrosa acordada es, me dicen, poco asombrosa: es la mitad de lo que gasta EEUU en un día. Es decir, que no hay objetivo alguno. La nueva extrema derecha está en disposición de la libertad más absoluta en sus tomas de decisiones, que cuando no dependen del beneficio personal, pueden depender de cualquier cosa. De nada, incluso.

2- La monarquía marroquí plantea el conflicto con PP-Vox. Es decir, plantea un nacionalismo que precisa el choque con otro nacionalismo. Plantea un modelo de estabilidad para el futuro, tal vez duradero, fundamentado en la verbalización continuada de una inestabilidad. Es un juego, ritualizado, de patriotas. Tal vez el único orden internacional en breve, el que impediría, al menos por un tiempo, un juego no ritualizado de patriotas: la guerra, el pifostio.

3- La audiencia nacional decide no empurar a Sánchez por la cosa Leire. “De momento”, agrega el juez. Es decir, valora que eso supondría, supongo, una campaña a favor de Sánchez. Es decir, y por lo mismo, la AN tiene cierta conciencia política de sus arbitrariedades. Otro indicio de esa conciencia política: el juez que lleva el caso del novio de Ayuso imputa a un chico Quirón. Que declarará justo después de las elecciones. Es decir, nunca jamás antes. 

El partido que nos arreaba con el lomo de la Constitución hace ya años que no alude a la Constitución

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4-  Feijóo empieza a formular su poética –en lo que es tal vez un error; la nueva extrema derecha no debe verbalizarse abiertamente, sino a través de círculos concéntricos; por ejemplo, anunciando un pucherazo, la desconfianza en el sistema que pretende, en efecto, jubilar–. Abogaba por un cambio –lo que no significa nada; desde Heráclito sabemos que nadie se baña dos veces en el mismo río; salvo los humanos–. Pero luego lo matiza: “No propongo una simple alternancia”. Se trata, claro, de declaraciones, y esta sección no las utiliza, salvo que sean lacanianas, lapsus. En este caso, es un pseudo-lapsus. Un lapsus calculado, una nota desenfadada en un discurso escrito por un profesional, que ha medido sus palabras al milímetro, creando, en este caso, un significado abierto, un guiño con significado claro, sexi para el votante ya abiertamente no demócrata.........

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