Pasear, comer, leer en clave amazónica
Nada mejor que alejarse de la Plaza Murillo para otra travesía por las orillas del país. Esta vez hacia el noroeste, la provincia Vaca Díez de mi amado Beni y la provincia Madre de Dios del pujante Pando. Mientras el avión de Ecojet sobrevuela la floresta es imposible dejar de observar ese infinito manto verde que se extiende sin horizonte; mejor en este día de sol y cielos limpios.
Apenas se toca Riberalta acaricia la hospitalidad. Los benianos gustan de compartir su pan, su vivienda, sus conversaciones, sus risas. Es fácil sentirse en casa. La familia de la historiadora Pilar Gamarra es la anfitriona de las intensas jornadas.
El recorrido por la ciudad fundada en 1894 no alcanza para reconocer todos los tesoros escondidos de su arquitectura. La confluencia de los ríos Madre de Dios y Beni en la Barranca Colorada fueron las primeras imágenes que describía tío Adolfo Rodríguez Castedo. Muchas veces volví por trabajo. Con Ton de Wit festejamos el cumpleaños de su amada brindando con vino blanco frío y arenques, mientras el barco recorría las aguas.
Los restos de las casas centenarias son el sello cosmopolita que acompañó a la antigua Ribera Alta. El paseo incluye la famosa Casa Suárez, la antigua sede de la Casa Braillard, la Casa Seyler, la Casa España, la plaza con la fundacional Cruz Blanca. En el puerto está anclada la patriótica Lancha Tahuamanu.
La plaza principal recuerda a Antonio Vaca Diez (1849-1897), el visionario médico, periodista y empresario de la........
