Monos con navaja
Qué halo el nuestro, vivimos en crisis prolongada, todo es inestabilidad y tensión permanente. Bolivia transita por los caminos de la vulnerabilidad, que es asumida por el pueblo como normal, al igual que los actores políticos que no se conmueven ante el grave desgaste que sufre el país y la débil democracia. El fantasma de la inviabilidad está en el horizonte.
Admitir el odio, el resentimiento, la ignorancia, la mentira, la banalidad, la ausencia de valores y lo prosaico se ha naturalizado. El malestar de la sociedad, en lugar de ser respondido con cambios estructurales, se lo hace con medidas a medias y asumiendo que estos comportamientos son intrínsecos al funcionamiento de la democracia y que el pueblo debe soportarlos como una consecuencia inevitable de su despolitización.
Cualquier idea crítica o creativa es motivo de repulsa. El cuestionamiento serio, individual o grupal, es visto con desprecio o descalificado sin mayor reflexión, de tal manera que la abulia colectiva se instala en lo cotidiano y permite la aparición de seres mediocres que se adueñan del escenario.
Esto debía cambiar con el nuevo gobierno. Su advenimiento esperanzador hacía presumir que las transformaciones serían de fondo, máxime si el Estado atraviesa una crisis orgánica, pero, la tibieza y coyunturalismo evitan, hasta ahora, llegar........
