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Incendios forestales: la catástrofe anunciada y la educación que no llega

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21.01.2026

El autor de esta columna comenta la importancia de la educación como parte de la estrategia de prevención de incendios como los que están transformándose en constante en el centro y sur del país y sostiene que «es momento de que las autoridades asuman su responsabilidad con medidas concretas: ordenamiento territorial vinculante, fortalecimiento de capacidades locales, prevención comunitaria, fiscalización efectiva y revisión estructural de las condiciones territoriales que vuelven estos incendios recurrentes. Pero también —de manera urgente— es necesario transformar la educación para integrar pensamiento crítico, historia del territorio y comprensión social del riesgo».

Créditos imagen de portada: Rodrigo Fuica / Agencia Uno

El cielo se vuelve opaco y la luz del día adquiere un tono extraño. El humo se mete en las casas, en las escuelas, en los pulmones. En la Provincia de Concepción el olor a ceniza se vuelve rutina: basta abrir una ventana para sentirlo, mirar hacia los cerros para comprender —sin necesidad de noticias— que algo grave está ocurriendo. La escena se repite con demasiada frecuencia: incendios forestales que avanzan hacia sectores poblados, sirenas, evacuaciones, incertidumbre, familias que cargan apuradas lo que pueden y una sensación colectiva de fragilidad.

Pero lo más inquietante no es solo el fuego. Es la familiaridad con la tragedia.

Los incendios forestales en Concepción —como en tantas otras zonas del centro-sur de Chile— ya no pueden entenderse como una simple “emergencia estival” ni como un hecho inevitable asociado al clima. Son la expresión de una catástrofe anunciada, resultado de decisiones políticas, modelos productivos y omisiones institucionales que se arrastran por décadas. La pregunta ya no es por qué ocurren incendios, sino por qué el país insiste en organizar su territorio como si arder fuera un costo aceptable.

Porque en Chile los desastres rara vez son simplemente naturales.

La historia ambiental lo ha mostrado con claridad: los incendios no son solo eventos físicos, sino hechos socioecológicos donde convergen condiciones climáticas y, al mismo tiempo, relaciones de poder, desigualdades territoriales, políticas públicas, marcos regulatorios, tipos de uso del suelo y economías extractivas. El fuego no es una amenaza externa: es parte de una forma histórica de habitar y producir el territorio.

Y aquí conviene decirlo sin rodeos: un incendio se convierte en tragedia cuando una sociedad decide convivir con el riesgo como si fuera normal, naturalizando la vulnerabilidad de comunidades enteras.

En ese sentido, el incendio no parte cuando aparece la primera chispa. Comienza antes:........

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