La Venezuela post-Maduro: riqueza inmensa, economía exhausta y un futuro que depende de la transición
La captura de Nicolás Maduro en la operación estadounidense del pasado 3 de enero ha devuelto a Venezuela al centro del debate internacional. El país, que durante años fue sinónimo de colapso económico y crisis humanitaria, se enfrenta ahora a un escenario inédito: una transición política aún por definir y una economía que combina un potencial extraordinario con una fragilidad extrema. La pregunta que sobrevuela Caracas, Washington, Pekín, Moscú y Bruselas es la misma: ¿qué Venezuela emergerá de este punto de inflexión?
Venezuela es, sobre el papel, uno de los territorios más privilegiados del planeta: un país riquísimo que nunca logró convertir su riqueza en desarrollo. Además de poseer las mayores reservas probadas de petróleo, cuenta con enormes yacimientos de oro, coltán, bauxita, diamantes y uranio. Su biodiversidad, sus reservas de agua dulce y su potencial agrícola la sitúan entre los países con mayor capacidad de autosuficiencia energética y alimentaria. Y su geografía –de Los Roques a Canaima, pasando por los Andes y el delta del Orinoco– podría sostener una industria turística de primer nivel. Pero la paradoja venezolana es conocida: tanta riqueza no evitó el colapso. La falta de inversión, la degradación institucional, la desconexión del sistema financiero internacional y la consolidación de un narcoestado impidieron transformar los recursos naturales en bienestar. La captura de Maduro no resuelve este problema, pero sí abre la posibilidad de redefinir las reglas del juego.
La magnitud del deterioro económico es difícil de exagerar. Desde 2014, el PIB se ha desplomado más de un 70%. La hiperinflación destruyó salarios y ahorros, y aunque en los últimos años se logró cierta contención, la estabilidad sigue siendo precaria. La dolarización informal permitió que surgiera un sector privado urbano relativamente dinámico, pero........
