Todo por un TE AMO
Criterios poco entusiastas despierta la tendencia a ejercer más de un empleo. Agotamiento, desgaste intelectual excesivo, dificultades para concentrarse y desempeñar con calidad las tareas constituyen algunas de las objeciones. Aunque no les falta razón a los críticos, ¿cómo llegar de otra manera a fin de mes, pues la inflación galopa desbocada, sin bridas?
Por otro lado, conozco a alguien que se ha propuesto salir airoso en su paso por las aguas –a menudo vertiginosas– del pluriempleo. Lo llamaré Jorge. Hace apenas dos años era un hombre pasadito de peso, jadeaba al subir las escaleras, su sedentarismo y nula iniciativa ante los retos de los nuevos tiempos le acarrearon un divorcio desmoralizador.
Hasta ese momento Leyla, su esposa, ponía sobre la mesa la mayor parte del dinero, mientras él seguía acomodado a la rutina oficinesca en una institución con almuerzo –un verdadero milagro– y guaguas para el personal.
El primer y el segundo mes de soltería se limitó a rumiar desdichas. El tercero, su estómago empezó a protestar por el mermado volumen de alimentos. El cuarto, se preguntó si habría una manera de estirar el salario. El quinto, los pantalones le quedaban anchos; descubrirlo no lo alegró, porque en lugar de sentirse en forma se estaba poniendo flácido, es decir, pellejudo, como le lanzó a la cara, cual si fuera la mejor broma del mundo, un colega. El sexto, en una reunión con el colectivo laboral, el director del organismo anunció el fin del almuerzo y la suspensión temporal del transporte. “Comprendan, compañeros –explicó– la actual cuota de combustible no alcanza”. Esa misma semana el protagonista de esta crónica tomó una decisión radical. Adiós al........
