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Aleteos, travesuras y chascos de Cupido

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14.02.2026

Aleteos, travesuras y chascos de Cupido

Autor(es): Tania Chappi

Día del Amor, el 14 de febrero exalta un sentimiento que, por supuesto, también conmovía a nuestros ancestros

¿Cómo era el cortejo, el noviazgo y el matrimonio en el siglo XIX cubano? Los artículos o crónicas costumbristas de Francisco de Paula Gelabert nos ilustran en cierta medida al respecto. Y digo en parte porque nos sitúan casi al final de la centuria, en los años 70; además, siguiendo las reglas del género, el autor apela al humor, a la sátira.

Varios textos de este periodista y director de revistas se publicaron en El Moro Muza e integraron luego el volumen Cuadros de costumbres cubanas, impreso en La Habana en 1875.

“El amor en la ventana” ridiculiza a quienes enamoraban a la vista de los transeúntes. Su protagonista es, al decir del cronista, tan criticado como perseverante e incorregible, y disfruta arrimarse “a la reja de la incauta o la mal educada jovenzuela, que le da oídos […] y comparte con él, el ridículo que sobre ambos arroja todo el que tiene sentido común.

“Por lo general estos novios de ventana, o novios callejeros […], son novios de tapadillo; es decir […] en la casa que asedian […] se ignora las más de las veces por la madre, el padre y hasta por los hermanos, que la atrevida niña tiene tales amores”.

Sin temor a las habladurías, prosigue el escritor, esos galanes buscan un ángulo en el cual no puedan ser divisados desde el interior de la vivienda, y “deslizan sus amorosos conceptos al oído de la rendida muchacha, que para estar más cerca y oír mejor, inclina la cabeza en la reja, pareciendo de este modo […] que se besan, con escándalo de los vecinos, de los que pasan y hasta del sereno”.

Algunos enamorados se enfadan, les riñen a sus parejas, mientras estas lloran o suplican “ante el público maldiciente, en presencia de todo el mundo”.

Sea cual fuera el tipo de noviazgo, si las relaciones iban en serio, en algún momento se realizaban los esponsales. “La boda de Chepita” expone cómo solía transcurrir esa ceremonia.

“Llegada, pues, la noche en que se celebraba la boda, la casa se llenó de gente, particularmente de las vecinas […] ¡Con qué curiosidad y con qué envidia examinaron el vestido, el velo, el ramo, la corona, hasta los zapatos de raso blanco, y cuantos más adminículos y féferes necesita una muchacha que se va a casar!”.

A las 8:00 p.m. la comitiva se dirigió a la iglesia. Apenas entró en el templo, el lugar se colmó de curiosos interesados en chismorrear sobre las galas de los contrayentes. Tras la bendición nupcial y el retorno al domicilio, comenzó la fiesta: un invitado apodado Chivirico tocó al piano piezas de corte popular, como La Niña era, El Amarillo, Frijoles caballeros. El narrador no describe los pasos de las danzas, pero sí el entusiasmo de los bailadores. El jolgorio fue corto, pues hacia las 10:00 empezaron las despedidas y los parabienes a los recién casados.

Pasado el tiempo, vendrían las desavenencias a las cuales están expuestos los matrimonios de cualquier época. “Borrascas caseras” relata los sufrimientos de Daniel. “A él, tan pacífico, tan arreglado, tan comedido, le era forzoso consentir en que su mujer fuese una pólvora, como ella no cesaba de repetir; y en que su suegra, por de contado, fuese a su vez un polvorín, que estallaba a cada paso por la más leve causa, poniendo en conmoción todos los alrededores”.

Con un enfoque machista, Gelabert se mofó de los maridos enfrascados en tareas hogareñas. En “La luna de miel que perdura”, mediante el personaje de Marcelo, los representa tiranizados por sus consortes, caprichosas y holgazanas. El susodicho “se levanta muy tempranito a juntar la candela, a coger la leche, a barrer y a cuanto más se ofrece en suma; no haciendo también el almuerzo, porque les guisan fuera por una módica pensión, lo que basta para suponer qué tal será ello.

“Mientras tanto, Florinda, estirada cuan larga es en su cama, goza a sus anchas de un sueño profundo, hasta las ocho, hora en que despertándose el chiquitín, la despierta a ella con sus chillidos. No se mueve, sin embargo, del lecho […] llama a Marcelo, para que lo coja”. Él lo carga y “le aplica la mamadera, o sea un pomo de cristal con un pezón de goma”.

 A las nueve de la mañana el hombre sale a trabajar. Al regreso vuelve a ocuparse del niño y a mimar a la madre, quien proclama su agotamiento.

Finalmente, “El can-can conyugal” trata acerca de matrimonios cuyos integrantes se divierten por su cuenta, cada uno a escondidas del otro, e incluso sostienen relaciones extramaritales. Por ejemplo, un amigo del articulista, muy dado a las correrías, se sentía confiado porque su esposa dedicaba los días a cuidar las plantas; pero en realidad ella lo hacía “con la primordial mira […] de atender allí, antes que a la floricultura, a cultivar por medio de la mímica, el conocimiento de cierto individuo, quien desde una habitación alta de la casa vecina, dominaba el jardín y a la jardinera”.

Además, el cronista desaprueba a los “maridos que permiten a sus mujeres la exhibición extremada de sus encantos, en la calle, en las tertulias, en los bailes, en los teatros; esos que llevan del brazo a sus propias jóvenes esposas escotadas, muy escotadas […] sin que se estremezcan […] al percibir los cuchicheos de los murmuradores; sin sentir sobre sus hombros el peso del ridículo y de la más sangrienta mofa”.

Asimismo, la emprende contra “los que despojándose de su dignidad y de su decoro de hombres, dejan que sus mujeres invadan sus facultades […] que hagan y deshagan a su antojo”.

Pobrecito Francisco de Paula Gelabert. Moriría al instante de un infarto si viajara en el tiempo y terminara en esta Habana donde el cortejo suele carecer de sutilezas y a menudo lo inician las mujeres, el noviazgo conlleva disfrute sexual y se aspira a que los varones cumplan con las faenas del hogar. Por si fuera poco, el concepto de pareja trasciende aquel binomio decimonónico de él-ella.

De sobrevivir al impacto, ¡cuántas jugosas crónicas saldrían de su pluma!, perdón, de su laptop.  

14 de febrero, amor, Día del Amor y la Amistad

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