Defendamos lo que queremos
Todos sabemos que para un comunista o frenteamplista el vocablo “pueblo” no significa “los que pueblan”, sino que solo es un nombre sustitutivo de “proletariado urbano”. Esa ambigüedad de palabras trascendentales es la que permite que el enemigo interno se vista con el ropaje de fervoroso demócrata.
Nunca ha habido un gobierno, de cualquier tipo, que no haya diseñado sistemas para defenderse del enemigo interno. Y ello porque nunca ha habido un gobierno que no los tenga. Desde el más primitivo jefe de clan, que le confió su seguridad a un garrote y a un par de fieles y fornidos vigilantes personales. Por eso es que es muy válida la pregunta ¿está nuestra democracia suficientemente defendida de nuestros abundantes enemigos internos?
Cuando los chilenos nos enfrentamos a esta pregunta, la respuesta estándar es que la defensa suficiente es la fuerza de nuestra institucionalidad.
Pero que esa respuesta es un mero cliché, lo demuestra el hecho de que en el último medio siglo en tres ocasiones la institucionalidad o ha sido atropellada o ha sufrido la amenaza de una sustitución sumamente drástica y por la vía plebiscitaria, que no es precisamente institucional. De hecho, hoy nuestra democracia está protegida por una constitución objetada por largos años, por los mismos que ahora buscan en ella garantías contra un nuevo........
