Trump, Groenlandia y las regiones polares
En la Antártica estamos en presencia de una confusión de facto entre regímenes multilaterales (Sistema del Tratado Antártico, Convemar, y Tratado de Alta Mar) que se está transformando, al igual que en el Ártico, en factor de inestabilidad.
A una prueba de estrés extrema está siendo sometida la OTAN a propósito de la “exigencia” de la administración Trump de “hablar sobre el futuro de Groenlandia”. Resulta extraordinario que esto ocurra por “exigencia” del principal socio de la alianza (Estados Unidos), y no por imposición de un enemigo externo (Rusia o China).
Lo anterior ha encontrado el rechazo firme de los países de la Unión Europea, pues, legalmente -y entre otras muchas cosas-, Groenlandia es territorio de la Unión (sus habitantes son titulares de “pasaporte danés-comunitario”).
Establecida en 1949 (precisamente por iniciativa del gobierno norteamericano), durante la Guerra Fría la OTAN articuló la “defensa del mundo libre”, incluida la defensa del “hemisferio occidental”. Antes, en 1947 -también por iniciativa norteamericana- los países de “las Américas” habíamos articulado el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), en cuya “área de aplicación” no se incluyó a Groenlandia. Dato importante.
Sin embargo, la anotada “exigencia” norteamericana ilustra cómo hoy ese concepto (en origen “cartográfico” y sinónimo de “Indias Occidentales Españolas”, “América Cuarta Parte del Mundo”, “las Américas” o “hemisferio americano”), incluye al citado territorio europeo.
Esta no es la primera “revisión” de la cartografía hemisférica impulsada por el señor Trump: recuérdese que, a propósito del impasse estructural con el gobierno mexicano, el señor Trump instruyó a sus cartógrafos cambiar el nombre del “Golfo de México” (que data del siglo XVI) por aquel de “Golfo de América”. No comments.
Respecto de la relevancia de la OTAN (cuya “área de tarea” incluye parte sustantiva de la región polar ártica) conviene recordar que los cálculos que predecían su desaparición después de la implosión de la ex URSS (1991) se demostraron equivocados, especialmente luego que -con el antecedente de la “limpieza étnica” perpetrada por el gobierno serbio en Bosnia Herzegovina- en 1999 “por la fuerza” la Alianza impidiera que el crimen se repitiera en Kosovo.
En paralelo, la OTAN se demostró “el refugio contra la opresión” en vista de las agresiones rusas sobre Chechenia (1994 y 1991), que comenzaron a demostrar que en Europa Oriental y el Cáucaso los equilibrios geopolíticos retrocedían al siglo XIX.
Con auspicio norteamericano -y con la excepción de la propia Rusia y su adlater Bielorrusia- a........© BioBioChile
