¿Es la Premio Nobel chilena, Gabriela Mistral, de derecha?
He visto ciertas listas públicas en que se clasifica políticamente como de derecha a Gabriela Mistral. Más allá de lo ligero de tales intentos, de lo risible de ciertos nombres propios que figuran ahí, de lo meramente propagandístico de los encasillamientos, no se puede, ni aún en este nivel espurio de la escena que se pretende montar, dejar pasar esta artimaña.
No sé de dónde ni cuándo ni a raíz de qué comenzaron a circular estas listas, pero eso no me interesa. Lo que sí sé, a la luz de lo que enseña la Historia, es que el arribo del fascismo o el nazismo comienza así, con estas imperceptibles y cotidianas alteraciones de lo veraz o merma de sentido en distinto grado. Debería decir en realidad lo que enseña el filólogo y profesor de Romanística Víctor Klemperer, quien escribió LTI La lengua del Tercer Reich. El filólogo anota las palabras que usó, tergiversó y movilizó el nazismo permeando el imaginario social –que no el pensamiento- en todos los estratos. Se trata de palabras en la experiencia cotidiana de las personas, del uso corriente de las mismas, y es en este nivel calle que primero se exhiben con total desfachatez estos extremos.
Por otra parte, no creo que haya que esperar para pronunciarse que estos timos clasificatorios lleguen a las revistas académicas, a los medios de comunicación masiva, a los foros prominentes, que por lo demás no existen. No hay nada que esperar. Es preferible que aparezca como una sobrerreacción a que no haya reacción.
Pienso que sería vano, a una personalidad tan densa como Gabriela Mistral, izquierdizarla o centrarla, ejercer fuerza para verla en el lugar que uno quiere que esté. Es tal la densidad del anclaje mistraliano (vital, biográfico, escritural, etc.) que excede con mucho cualquiera de estas adscripciones superfluas. Y si fuera de derecha no sé qué problema habría. Pero no lo es.
Me parece fácil acopiar evidencia de lo no de derecha que era Gabriela Mistral, y los descalces o corcoveos a la vista con el espectro político en general. Un solo ejemplo lo encontramos en la carta dirigida desde España a Armando Donoso, en 1935:
“Azaña, no robó, ni persiguió. Promovió a los intelectuales y llenó la administración de gente leída, informada. No hicieron nada. (…) Y tienen igual ritmo ñoño que los otros (…) Son fofos, gente sin columna vertebral, hablantines, amigos de lucir. Y........
