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Colombia: Abelardo y la propuesta indecente

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El día en que un pueblo, agotado por el miedo y la urgencia fiscal, empieza a encontrar razonable que el Estado se siente a transar con el crimen —que el atajo se premie, que el pasado se compre, que la respetabilidad tenga tarifa—, ese día el crimen dejó de ser una amenaza externa y pasó a ser parte del consenso.

Colombia entró a una segunda vuelta entre un candidato que ofreció transar con el crimen organizado y un oficialismo que, por boca del presidente saliente, amaga con desconocer el voto. Las dos cosas, por razones opuestas, deberían inquietar a América Latina.

Hay una película de 1993 que casi nadie recuerda por su trama y casi todos por su dilema. En Una propuesta indecente, un millonario le ofrece un millón de dólares a un matrimonio en quiebra a cambio de una noche con la esposa. El marido, asfixiado por las deudas, acepta. La película no trata, en realidad, sobre la noche. Trata sobre el día después: sobre lo que una pareja descubre que ha vendido cuando ya no puede recomprarlo. El dinero era lo tangible. Lo que se transó —la confianza, el límite, la idea misma de que había cosas que no estaban en venta— era lo intangible. Y lo intangible, una vez entregado, no vuelve.

Colombia acaba de recibir, en las urnas, una propuesta de esa naturaleza. Para entenderla, los lectores chilenos primero necesitan saber quién la formuló, porque su nombre todavía no dice gran cosa al sur del continente.

Abelardo de la Espriella es un abogado penalista de Montería, costeño, mediático, millonario y deliberadamente estridente. Durante años fue el defensor de clientes incómodos —paramilitares, narcotraficantes, figuras públicas en aprietos— y uno de ellos pesa más que todos: Alex Saab, el empresario barranquillero señalado como el principal operador financiero del régimen de Nicolás Maduro, hoy procesado en Estados Unidos.

De la Espriella lo defendió desde 2013, llegó a llamarlo “amigo personal”, y a una semana de la elección el periodista Daniel Coronell reveló en la revista Cambio que entre 2014 y 2015 el actual candidato se benefició de giros por más de 370.000 dólares procedentes de empresas de Saab. No hay, hasta hoy, fallo judicial que lo califique como delito; sí una pregunta política que su antichavismo de campaña no logra disolver.

Sin partido tradicional detrás, con un movimiento propio —Defensores de la Patria— y casi cinco millones de firmas, De la Espriella construyó una candidatura de espectáculo y autoridad. Da discursos tras un cristal antibalas. Promete reducir el Estado en torno a un 40%, eliminar cientos de miles de cargos públicos, pasar de diecinueve a diez ministerios, modernizar la recaudación con inteligencia artificial. Y, sobre........

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