Esteban estaba entrando en la diabetes cuando fue despedido de la empresa, una fundidora ubicada en Tocuyito cuyo propietario prefirió no correr con los gastos de lo que significaba un paciente que estaba a punto de usar insulina. Por eso lo llamó, le dio una decente cantidad de dólares por los 15 años de servicio y le dijo que tratara de hacer algo por su cuenta, pero que lo pensara bien antes de gastar sus realitos ganados. Una vez que salió de la fundidora, se dio un descanso y un espacio para hacerse exámenes médicos. Ya le habían advertido que no optara por los medicamentos y que había remedios naturales para incluso curar el mal. "Hasta tú le dijiste Olmos que sancochara hoja de guanábana y que esa fuera el agua que tomara. También le dijiste lo de la hoja de la mata de guayaba con cúrcuma y clavitos dulces. Pero era demasiado terco y a veces hacia caso y a veces no. Si yo tenía chance, le buscaba las hojas y le montaba su té para que se lo tomara, pero tenía mis propios problemas y aunque siempre trataba de dejarle sus cosas listas, alguna vaina se olvidaba. Ya sabes que después que se murió mi mamá y Elena se fue para Colombia con el novio, él se deprimió más. Mucho antes de dejar la empresa, él seguía llorando por mi mamá, y siempre decía que la vieja lo comprendía y que lo ayudaba, y que él siempre se sacrificaba por estar con ella. Es verdad que le paraba bolas. Si mi mamá le decía por este barranco, por ahí se lanzaba. La amaba y se la llevaban bien. Cuando él se ponía cómico, ella lo regañaba y él se calmaba. Coño hermano, pero en lo que apareció virus, él se dedicó a ella. En verdad, todos nos dedicamos a ella. Elena y el marido le buscaban medicinas, la llevaban al hospital para hacerle los exámenes. El jefe de mi papá en verdad se portó muy bien y le daba todo el permiso que necesitara para hacer las cosas necesarias para ayudar a mi mamá. Hermano que arrecho que nunca se encontró una cura, porque nunca supieron qué era lo que tenía. Hasta trajeron a unos virólogos de Maracay y de Caracas, pero nada. Mi pobre vieja apenas duró seis meses. Nunca supimos si el virus se la estaba comiendo, o es que le anulaba todos los funcionamientos del organismo. Es muy arrecho no saber".

Cuando murió Elena, Federico me cuenta que Esteban solo incrementó su depresión. En la primera semana, apenas salía de la cocina y a punta de café. Elena la hija se fue con el compañero para Colombia y se quedaron ellos dos tratando de aguantar. Fue cuando comenzó a acentuarse los síntomas de la diabetes, porque Esteban vivía a punta de café y pan con margarina. "Se dormía donde quiera y todo el tiempo se moría de la sed. Le dije, coño papá vamos a llevarte al hospital para que te hagan exámenes; y lo trató un médico que se portó muy bien, con mucho respeto y le dijo que si quería vivir y no quería que lo cortaran por pedazos, tenía que dejar el azúcar y la harina, que comiera mucha auyama e hiciera caldo con alas de pollo porque tienen más grasa y que tomara té de limón con jengibre, cúrcuma y bicarbonato. Pero ya sabes que mi papá era una vaina. Como a los cuatro meses, Elena me llamó para preguntar por mi papá y le dije que yo no sabía qué hacer, porque no quiere hacer caso. Si se prepara una taza de café con leche, le pone un coñazo de azúcar, llega de la calle con una bolsa de pan, pero me dijo, el panadero, que antes se comía una torta de pan o un quesillo, las vainas más dulces; y yo no puedo pelear con mi papá Olmos, porque es lo único que tengo y no quiero que se arreche conmigo. Pero verga Olmos, Elena me dijo una vaina que yo después entendí. Mi papá se quiere morir porque no ha salido de la depresión de la muerte de mi mamá. Coño Olmos, como 15 días después que hablé con Elena, a mi papá le dio infarto agudo de miocardio por una diabetes mellitus. Una vaina coronaria transluminal percutánea, me dijo el médico. Había muerto casi sin darse cuenta. Parece que llevaba mucho tiempo comiendo esa mierda en la panadería, pero parece que cuando le reventó, no le dio tiempo de nada, sino que lo mató casi en seco".

Me encontré a Federico hace dos semanas y fue cuando supe toda esta historia. Esteban era un gran tipo, uno de esos hombres que uno se encuentra a la vera del camino echándole bolas a la vida. Siempre fue simpatizante de la izquierda, desde sus tiempos de obrero en Galletera Carabobo. Tuvo una breve pasantía por el MAS, pero terminó concluyendo que eran de derechas. Así que fue a parar a un grupo de obreros organizados que creía en la lucha armada que hacían círculos de estudios y tenía prácticas militares. Allí conoció a Elena, una obrera de Galletera Carabobo que vivía en Tinaquillo. El amor los alejó de toda actividad. Se dedicaron a trabajar. Se casaron a los 4 meses y con lo que tenían ahorrado se compraron una casita en malas condiciones, pero con muy buen terreno. Allí fueron construyendo una muy buena casa. Elena parió a los dos hijos y no pudo parir más. "Ella quería tener 4 hijos, pero yo saco en cuenta de que a lo mejor ya tenía la bacteria, porque no volvió a salir embarazada".

.- Hermano y qué vas a hacer tú solo en esa casa

.- Bueno, sabes que estaba dedicado a cuidar a mi papá. Por eso ni siquiera me fijaba en mujeres. A ver si consigo algo porque ya tengo 36 años. Mi hermana me dice que venda y me vaya para allá, pero coño Olmos, yo amo mi país. Qué coño voy a hacer por otro lado a pasar vainas, cuando aquí tengo mi casa propia. Tengo pensado alquilar dos habitaciones. Trabajo, tengo una moto, me doy mis gustos, no malgasto. Por qué me voy a ir. Estoy pensando que, si vendo, le mando su plata a mi hermana, me compro una casa por El Prado, para tener las vainas más cerca, porque además yo trabajo por La Candelaria. Bueno, todo eso está en veremos. Todavía lloro a mi papá, era mi compañero. Todo está muy fresco. Ya veré. Como un mes antes de que le diera el shock, estábamos viendo televisión una noche y me dijo coño, dónde estará el camarada Olmos. Quién sabe papá, le dije yo, como ese carajo anda por todos lados.

Rafael Rodríguez Olmos

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Era mi compañero

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28.04.2024

Esteban estaba entrando en la diabetes cuando fue despedido de la empresa, una fundidora ubicada en Tocuyito cuyo propietario prefirió no correr con los gastos de lo que significaba un paciente que estaba a punto de usar insulina. Por eso lo llamó, le dio una decente cantidad de dólares por los 15 años de servicio y le dijo que tratara de hacer algo por su cuenta, pero que lo pensara bien antes de gastar sus realitos ganados. Una vez que salió de la fundidora, se dio un descanso y un espacio para hacerse exámenes médicos. Ya le habían advertido que no optara por los medicamentos y que había remedios naturales para incluso curar el mal. "Hasta tú le dijiste Olmos que sancochara hoja de guanábana y que esa fuera el agua que tomara. También le dijiste lo de la hoja de la mata de guayaba con cúrcuma y clavitos dulces. Pero era demasiado terco y a veces hacia caso y a veces no. Si yo tenía chance, le buscaba las hojas y le montaba su té para que se lo tomara, pero tenía mis propios problemas y aunque siempre trataba de dejarle sus cosas listas, alguna vaina se olvidaba. Ya sabes que después que se murió mi mamá y Elena se fue para Colombia con el novio, él se deprimió más. Mucho antes de dejar la empresa, él seguía llorando por mi mamá, y siempre decía que la vieja lo comprendía y que lo ayudaba, y que él siempre se sacrificaba por estar con ella. Es verdad que le paraba bolas. Si mi mamá le decía por este barranco, por ahí se lanzaba. La amaba y se la llevaban bien. Cuando él se ponía cómico, ella lo regañaba y él se calmaba. Coño hermano, pero........

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