Barquisimeto: crónica del pájaro que da cuerda al mundo
I "¿Puede un ser humano comprender plenamente a otro?". "Cuando deseamos conocer a alguien invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la esencia del otro? ¿Sabemos en verdad algo importante de la persona que estamos convencida de conocer?" (Haruki Murakami: "Luna llena y eclipse solar. Sobre los caballos que morian en los establos". En: "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo". Maxi Tus Quets. México. 2001. P. 42).
Lo acotado en el epígrafe del nobel japonés puede muy bien aplicarse a la historia inmediata de un pueblo o ciudad, ya que las aristas pueden ser infinitas y como las personas individuales tienen también su ventana oscura, oculta como la cara de la luna y aún el alineamiento de los eclipses no dejan nada en claro. De allí que ciertos memorialistas de preclara inteligencia barruntan por lo bajo que la crónica menuda, hecha de retazos como aquellas colchas multicolores que tejían nuestras abuelas de antaño pueden revelar el umbral de un tejido social harto diverso. Más que las historias orgánicas de gran calado. II Mutatis mutandis, allá como aquí, según el latinajo de las páginas rosadas del Pequeño Larousse Enciclopédico, si bien las crónicas evanescentes más contemporáneas sobre la ciudad de Barquisimeto coinciden en que las décadas de 1950 y 1960 históricamente corresponden a su despeje industrial y urbanístico, las posteriores de 1970, 1980 y 1990 han llegado a ser la de su consolidación como "Capital del desarrollo", según la conocida consigna que es fama acuñara La Cámara de Comercio en el marco de la Feria de la Divina Pastora hacia 1967, aproximadamente, porque como solía decir el maestro Federico Brito Figueroa cito de memoria.
Amplias avenidas, urbanizaciones y centros comerciales emplazados en terrenos que hasta entonces los cubría el espeso barbecho y rumiaban rebaños de caprinos y aún pasto de burros y caballos, se transformaron en áreas cada vez más vistosas, como si el pájaro de la modernidad que es el ente casi metafísico que da cuerda al mundo occidental regara con su cimiente la voluntad de progreso de una comunidad que con sus élites más esclarecidas apostaron por inscribirse más temprano que tarde en el circuito mundial del comercio, la industria y la cultura en general, aunque con particular énfasis en la educación media y del trabajo como........
