¿Puede África forjar su propio destino energético?
Durante siglos, la geopolítica del conocimiento operó bajo una estricta división del trabajo intelectual: el Norte formula las teorías, mientras que el Sur provee los recursos, los casos de estudio y la mano de obra. El Norte piensa y el Sur aplica. Sin embargo, una idea no alcanza la universalidad simplemente por haber sido concebida en Londres o Berlín, ni la pierde por haber germinado en Nairobi o en la cuenca del Caribe. La verdadera universalidad de un pensamiento no depende del mapa donde se imprima, sino de la profundidad de las preguntas que sostiene y de su capacidad para ofrecer soberanía real a los pueblos.
Es precisamente en esta fisura epistemológica donde se insertan la Teoría de la Geometría de la Energía Cósmica y la filosofía del Solarismo. Nacida en el corazón del Sur Global, esta propuesta no surge de una abstracción académica aislada, sino de una experiencia histórica compartida: la de haber habitado el núcleo de una civilización dependiente del petróleo, la de haber visto el subsuelo convertido en poder centralizado y ese poder transformado en dependencia estructural. Esta experiencia vivida no pertenece a una sola geografía; es la memoria viva que une a Venezuela y Nigeria, al Lago de Maracaibo y al Delta del Níger —pueblos históricamente condenados a suministrar materias primas mientras los centros coloniales redactan la teoría—.
El Sur Global no es un mero concepto cartográfico, sino una condición política. Somos naciones periféricas y emergentes que han soportado la misma geometría del poder: la concentración física de recursos que engendra monopolios........
