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Sentido de lo religioso

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26.12.2025

Dada la eṕoca decembrina actual nos preguntamos por el sentido de lo religioso. El tema supone una interpretación de este fenómeno humano, demasiado humano. A su vez, toda interpretación descansa necesariamente en algún prejuicio. No hay, en este sentido, escape al prejuicio, ello a pesar de las connotaciones negativas que suelen asociarse con dicha palabra. Y es que lo peor se asocia con el prejuicio, especialmente lo peor ideológico. Se dice que el racismo, la aporofobia, la homofobia, la misoginia son prejuicios que impulsan, como efectivamente impulsan, prácticas discriminatorias y criminales. Ahora bien, tomada en su acepción más primitiva, la palabra “prejuicio” no ha de resultar necesariamente negativa y peligrosa, sino simplemente lo que suponemos como base a la hora de juzgar. Suponemos, por ejemplo, que hay una realidad externa a nosotros, por lo que el sano juicio nos lleva a evitar cruzar la calle hasta que esté libre de vehículos, pues suponemos que los mismos nos infringirán graves daños al colisionar con ellos. Y así, cualquier juicio descansa en supuestos no juzgados, descansa en “pre-juicios”, no hay escape 

Al igual que cualquier estructura el lenguaje y los prejuicios habilitan y limitan al mismo tiempo. Hablar una lengua nos habilita a comprender el mundo de una determinada forma y nos limita para comprenderlo de otra. Por eso aprender otra lengua no es un simple trasponer términos, sino también, y sobretodo, entrar en otro mundo. Gracias a la lengua hablamos, formamos una comunidad, intervenimos en el mundo, informamos de peligros, expresamos sentires. La lengua habilita y limita al mismo tiempo. Los pre-juicios habilitan el juicio y limitan otras potenciales perspectivas de juicio. De este modo, los prejuicios son más o menos habilitantes, más o menos limitantes, por lo que conviene estar a la caza de los mismos, una caza en la que al final siempre saldremos derrotados. La actitud de la duda, que parte del supuesto de que podemos estar siempre siendo engañados en un determinado momento, constituye un prejuicio bastante habilitante para pensar posibilidades muy diversas, y así abre el camino al pensamiento reflexivo y crítico. Por eso, generalmente al poder, al que sea, le resulta poco grata la duda. El rey no quiere que la duda lo desnude, por lo que convoca a la lealtad y asume el dudar como traición. La lealtad al poder descansa, por supuesto, en otro pre-juicio, el de que el poder, el que sea, no nos engaña. Podrá usted juzgar cuál de los dos, el de la duda o el de la lealtad, le parece en principio más limitante.

 El campo religioso resulta uno de los más ricos en prejuicios, por lo cual siempre se dificulta su abordaje. Procuremos un ejercicio de interpretación, un ejercicio........

© Aporrea