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Estado, libertad, ultras y un poquito de Hegel

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02.01.2026

Las ultras crecen globalmente, ojalá que 2026 marque un cambio volviendo decreciente esta tendencia. Para que ello ocurra debemos tomarnos en serio su amenaza. En 1926 pocos se la tomaban y veinte años después muchas naciones quedaron en auténticas ruinas. Las ultras actuales se dividen en segmentos, los anarcocapitalistas y los conservadores radicales por ejemplo. Hablemos de los primeros, quienes tienen en Milei o en Díaz Ayuso del Partido Popular español dos de sus principales voceros. Su ideario ataca al Estado, quiere descuartizarlo a punta de motosierra. Afirman que al hacerlo se pondrá fin a la asfixia de impuestos, permisologías y demás controles que cercenan la libertad ciudadana. Tachan de izquierdas, y más allá de comunistas, a todos aquellos que se oponen a su cometido destructivo. 

El discurso anarcocapitalista se centra en la oposición izquierda-libertad, que reedita la vieja de igualdad-libertad. Sus exponentes no entran en mayores disquisiciones al respecto, son populistas, efectistas, les gusta el show y el escándalo permanente en unas redes sociales que saben manejar muy bien. Exaltan su encanto femenino o se presentan como sendos rockeros. Se exhiben como rebeldes e iconoclastas. Le han sabido robar a las vetustas izquierdas esas actitudes, han sabido presentar a esas izquierdas como lo antiguo, lo que conserva un sistema que oprime y deja en la miseria a la juventud y al progreso de los países. Los beneficia la crisis del Estado benefactor, producto en gran parte del desmontaje que del mismo han hecho las derechas desde la década de los años ochenta, la era de Thatcher, Reagan y del Consenso de Washington, y después reforzadas con la caída del Muro. Los beneficia un discurso progresista que se atrinchera en la mera defensa de lo que queda de ese Estado ya desvencijado. Los beneficia, sobretodo, unas pretendidas izquierdas autoritarias, militaristas, burocráticas, sin ninguna actitud efectivamente democrática y que, para colmo, comparten con los ultras anarcocapitalistas un discurso burdamente grosero, antipedagógico en cualquier sentido, unas pretendidas izquierdas que cuando han alcanzado el poder han quebrado las instituciones sin construir nuevas destruyendo a sus propios países. Estas pretendidas izquierdas autoritarias y los ultras de la derecha tienen, definitivamente, un aire de familia, y no pocas veces........

© Aporrea