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El fútbol/espectáculo/negocio y el capitalismo de la corrupción

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04.01.2026

El capitalismo no es, ni de lejos, la simple intersección de las curvas de la oferta y de la demanda, tal como lo afirma categóricamente una fantasiosa e irreal teoría económica. No es una simple relación de intercambio, de trapicheo de bienes y servicios. Son entramados institucionales, formales o informales, los que le dan forma y proyección. Sin corrupción –y sin su consiguiente impunidad– los andamiajes del proceso de acumulación de capital serían impensables. Ello es parte de actividades lícitas e ilícitas, así como de las relacionadas con el esparcimiento y el entretenimiento. El fútbol no está al margen de ello, sino que la misma híper-mercantilización experimentada durante las últimas tres décadas, no se entiende sin el carácter extractivo y depredador vinculado a la ilegalidad. De tal modo que el balón rueda bajo la sospecha permanente de que se encuentra manchado por la corrupción y por las decisiones y manejos discrecionales y regidos por la opacidad. Detrás del telón de la pasión y de las emociones desbordadas en los estadios, se esconden delincuentes que abusan de sus posiciones de poder para lograr provechos más allá de los permitidos por la ley, los reglamentos y la ética.

Como lo comentamos en otros espacios (https://shre.ink/5Ol6, https://shre.ink/5OlO, y https://shre.ink/5OlV), la híper-mercantilización del fútbol condujo a una sofisticación de la organización y gestión de las empresas deportivas, de tal manera que priva una racionalidad instrumental de carácter corporativo fincada en inversiones, sumas y ganancias estratosféricas en su logística, campeonatos y demás eventos y merchandise. Hasta el último centímetro de la cancha y el último segundo de los partidos se encuentran mercantilizados y movidos por el afán de lucro y ganancia, mientras que el aficionado tradicional es despojado del estadio y hasta de la pantalla del televisor en un ejercicio de gentrificación que privilegia al turista premium por encima de las multitudes populares de limitado poder adquisitivo. Esta marcada tendencia abre amplios espacios a la acumulación de capital y a la concentración de poder entre las élites tecnocráticas dedicadas al deporte rey. Pero también los boquetes de la corrupción y de los manejos discrecionales se expanden conforme los Estados se tornan cómplices u omisos, y conforme los socios y aficionados son arrinconados por esas élites empresariales y tecnocráticas del fútbol.

Si deseamos ubicar un punto de inflexión en esta lógica, tendremos que remontarnos a la llegada de João Havelange a la Presidencia de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA). El dirigente brasileño no solo cambió el rostro del organismo rector, sino también sus entrañas y funcionamiento al cimentar la construcción de un imperio corporativo desde aquella década. La geoestrategia y geoeconomía urdidas por Havelange se fundamentaron en la opacidad y sentaron sus bases en el poder y proyección de la televisión a color. Si bien hasta 1974 la FIFA no era más que una cofradía de caballeros embelesados con los valores victorianos que le dieron origen y regulación al fútbol en su versión amateur y cercana al fair play, Havelange comprendió los nuevos tiempos y adoptó una meticulosa y sofisticada organización empresarial fundada en los patrocinios de marcas icónicas mundiales durante largo tiempo. Su Presidencia se extendió hasta 1998, y le correspondió ser testigo y participé de los cambios socioculturales al amparo de la globalización y de la entronización del mercado como deidad rectora de la vida social. El llamado mundo subdesarrollado comenzó a participar en la cancha y en los procesos electorales de la FIFA. Havelange construyó su poder en esos países, al tiempo que les otorgó cupos en los Mundiales, principalmente a selecciones africanas y asiáticas. De su mano, el fútbol se extendió a lo largo y ancho del mundo, rompiendo récords de audiencias. La docena de empleados que la FIFA disponía en 1974 resultaban insuficientes para las ambiciones mercantilizadoras de Havelange. Su apuesta fue crear un espectáculo/negocio masivo de alcances globales. El dirigente brasileño llegó a declarar que cuando tomó las riendas de la FIFA solo existía un puñado de 20 dólares en sus harcas; en tanto que para 1998 sus cifras ascendieron a los 4000 millones de dólares. Para ese año, la FIFA contaba con 209 países miembros; mayor cantidad que la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Cabe mencionar también que bajo su mandato se celebraron por vez primera los Mundiales Sub-17 (1985) y Sub-20 (1977), la Copa Confederaciones (1992), y la Copa Mundial femenina (1991); en tanto que el Mundial masculino transitó de 16 a 32 selecciones nacionales. 

Con los proyectos modernizadores y profesionalizantes de Havelange y al amparo de la corrupción, la FIFA dejó de ser una organización victoriana con afanes no lucrativos y con un puñado de ancianos europeos aficionados a su cargo para convertirse en una compacta élite empresarial y mafiosa transnacional que dispuso de los procesos de globalización y del acelerado cambio tecnológico iniciado en los años setenta para afianzar procesos de acumulación de capital a gran escala y sostenerlos en un sofisticado sistema de prácticas de corrupción que aprovechó el secreto bancario y la laxitud de las leyes suizas. Fue la época en que se impuso a rajatabla la lógica de la ganancia por encima de la pasión y del carácter popular del fútbol. Además, con el Mundial de Argentina 1978 –el primero bajo su Presidencia–, Havelange descubrió las implicaciones geopolíticas del balón al saciar las ambiciones de los militares golpistas de limpiar su imagen represiva a través de un evento deportivo de alcances planetarios. Havelange hizo caso omiso de los reclamos por la represión militar y los desaparecidos en el país austral, de tal manera que abiertamente se fusionó el fútbol, el negocio y el poder político. La empresa mexicana de telecomunicaciones, Televisa, fue fundamental en esa expansión mediática de la FIFA y en la ratificación de la Argentina militarizada como sede mundialista. Sin embargo, las pérdidas de ese mundial se estimaron en 700 millones de dólares. De esas alianzas de Havelange........

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