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Julio Marcelino Chirino, El Cabito que yo conocí

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02.01.2026

Lo conocí en persona ya algo mayores, Julio más que yo. Colaborábamos con Alí Rodríguez en la Cancillería en 2005 en las áreas de seguridad y de administración respectivamente. Fue un día en que El Cabito requería apoyo para un trabajo en computadora y Albert Reverón le sugirió mi nombre. De inmediato me llamó, hice la encomienda y a partir de allí nos quedábamos conversando largamente de muchos temas. De forma natural fue surgiendo una amistad y una camaradería que para mí era impensable en mis años de juventud.

Ocurría que yo tenía referencias suyas desde el PRV-Ruptura donde militaba a mediados de los años 70 y sabía de algunos aconteceres en su vida de guerrillero sagaz y valiente. En esos tiempos llegué a leer un trabajo que publicó sobre los indios Jirajaras, creo que en la revista "Ruptura Continental", y observé que no solo era un hombre de armas y de acción, sino también de pensamiento amplio y profundo. Por ello empezó a ser un personaje que yo deseaba conocer, más allá del curioso seudónimo y del apellido, que eran motivos de atención y una referencia a nuestro precursor José Leonardo Chirino.

Desde que surgió aquella oportunidad, procuré aprovechar de sus experiencias preguntándole sobre su vida; sus ideas acerca de la realidad del momento; el complicado y debatido asunto de la guerrilla venezolana de los años 60 y 70; de su relación con Douglas Bravo, con Alí, con Chávez, con Fidel. Muchas cosas me contó de sus reflexiones, siempre envueltas en la jovialidad de su lenguaje y un inicial intento de reservarse los sentimientos. Más tarde en confianza me habló de las cartas que en la clandestinidad remitía a compañeros del partido, en los que además de tratar los duros temas políticos y militares, les escribía en un tono de espiritualidad y afecto. Escuchándolo, comencé a observar una personalidad que rebatía la idea de algunos que veían en él a un revolucionario característicamente imperturbable y severo.

Alí Rodríguez y él eran más que hermanos, lo cual no significaba la ausencia de discrepancias tácticas. Recuerdo una vez en el Ministerio de Energía Eléctrica cuando El Cabito, William Álvarez (el famoso Jotajota) y yo, coincidíamos en cuestionar unas decisiones de Alí que era el ministro y presidente de Corpoelec. Los tres acordamos llevarles nuestros planteamientos para que enmendara lo que considerábamos errado. Primero expuso el Cabo, luego JJ y finalmente yo. Alí nos escuchó atentamente y procedió a dar su explicación. Inició hablando de la situación internacional, luego de Venezuela, después sobre el sistema eléctrico y concluyó respondiendo a los aspectos tácticos que le reclamábamos. Terminó la reunión y salimos callados pero contentos de la oficina. Luego de un largo........

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