Julio Marcelino Chirino, El Cabito que yo conocí
Lo conocí en persona ya algo mayores, Julio más que yo. Colaborábamos con Alí Rodríguez en la Cancillería en 2005 en las áreas de seguridad y de administración respectivamente. Fue un día en que El Cabito requería apoyo para un trabajo en computadora y Albert Reverón le sugirió mi nombre. De inmediato me llamó, hice la encomienda y a partir de allí nos quedábamos conversando largamente de muchos temas. De forma natural fue surgiendo una amistad y una camaradería que para mí era impensable en mis años de juventud.
Ocurría que yo tenía referencias suyas desde el PRV-Ruptura donde militaba a mediados de los años 70 y sabía de algunos aconteceres en su vida de guerrillero sagaz y valiente. En esos tiempos llegué a leer un trabajo que publicó sobre los indios Jirajaras, creo que en la revista "Ruptura Continental", y observé que no solo era un hombre de armas y de acción, sino también de pensamiento amplio y profundo. Por ello empezó a ser un personaje que yo deseaba conocer, más allá del curioso seudónimo y del apellido, que eran motivos de atención y una referencia a nuestro precursor José Leonardo Chirino.
Desde que surgió aquella oportunidad, procuré aprovechar de sus experiencias preguntándole sobre su vida; sus ideas acerca de la realidad del momento; el complicado y debatido asunto de la guerrilla venezolana de los años 60 y 70; de su relación con Douglas Bravo, con Alí, con Chávez, con Fidel. Muchas cosas me contó de sus reflexiones, siempre envueltas en la jovialidad de su lenguaje y un inicial intento de reservarse los sentimientos. Más tarde en confianza me habló de las cartas que en la clandestinidad remitía a compañeros del partido, en los que además de tratar los duros temas políticos y militares, les escribía en un tono de espiritualidad y afecto. Escuchándolo, comencé a observar una personalidad que rebatía la idea de algunos que veían en él a un revolucionario característicamente imperturbable y severo.
Alí Rodríguez y él eran más que hermanos, lo cual no significaba la ausencia de discrepancias tácticas. Recuerdo una vez en el Ministerio de Energía Eléctrica cuando El Cabito, William Álvarez (el famoso Jotajota) y yo, coincidíamos en cuestionar unas decisiones de Alí que era el ministro y presidente de Corpoelec. Los tres acordamos llevarles nuestros planteamientos para que enmendara lo que considerábamos errado. Primero expuso el Cabo, luego JJ y finalmente yo. Alí nos escuchó atentamente y procedió a dar su explicación. Inició hablando de la situación internacional, luego de Venezuela, después sobre el sistema eléctrico y concluyó respondiendo a los aspectos tácticos que le reclamábamos. Terminó la reunión y salimos callados pero contentos de la oficina. Luego de un largo........
