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Mentir se ha hecho común y la verdad es su víctima preciada

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25.02.2026

Mentir se ha hecho común atropellando la verdad que se la llevan en los cachos, con mentiras de todo calibre, con el riesgo que implica cuando quienes la usan como excusa, crean proyectos demenciales. Pensemos por un momento en las consecuencias y lo que ha costado en perjuicio los hechos que se han consumado, disolviendo por su parte la ética, la moral, los principios y valores, que a todas luces daban cierto sentido y orientación a la vida, mientras que hoy lo pernicioso hace presa de la humanidad en su conjunto, privando la ausencia de espíritu y de corazones nobles, y la honestidad de mentes en cuerpos desasistidos de espíritu, que buscan solo satisfacción de sus instintos, perdiendo todo sentido de lo real, de esa conexión sagrada que mana como alimento vital. Mucho se ha mentalizado la realidad, distorsionando con el tiempo los ensayos y los errores que han proliferado, y las consecuencias se han multiplicado sin enmienda, mientras tantos y tantas pecan, consecuencia, las distópicas sociales que nos escinden, siendo un reverso pernicioso de la utopía, de mundos imaginarios donde todo ha salido mal. Pretender que las cosas malas se olviden para volver a cometerlas, es a lo que el control totalitario la deshumanización de los individuos e individuas, enfrentando a los unos contra los otros, y demás desastres ambientales generados por las tecnologías depredadoras bajo control de los pocos que se han abrogado la libertad para actuar, sobre los muchos que estamos volviendo a ser simples esclavos bajo el poder brutal.

Lo que estamos presenciando desde el último siglo es perjudicial por desastroso, ha sido un engaño desde el juego sutil de los gendarmes que se han hecho del control abierto del planeta, bajo el fanatismo de quienes mueven las manecillas del reloj en una transición desfavorable para las mayorías, condenadas por rituales ortodoxos, con presencia de encarnaciones en un mundo empujado por lo virtual, obligando a los humanos a revolverse en sus sentidos sensoriales ante las expectativas profundas, místicas y físicas. Son rituales de una era desquiciada por la realidad presente, desde la teología del icono, de la simple imagen, que como una ventana a lo invisible, que busca en el cielo, consuelo a través de la veneración física, transformada en el acto de besar el icono y postrándose ante él como afirmación del Dios hecho encarnación, que se resiste al píxel frente ante una imagen digital efímera. Es el icono como materia transfigurada en madera, pigmento, oro, como exigencia de la presencia física del fiel, oración desde el corazón, es hesicasmo, quietud divina, paz, silencio, práctica y antídoto directo a la fragmentación de la atención tecnológica. Es una oración unida al ritmo respiratorio mientras los latidos del corazón desde su sincronía biológica, desciende desde la mente, sin perderse en abstracciones intelectuales o algoritmos,........

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