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La moral de Donald Trump

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09.01.2026

Desde una lectura dialéctica, el ego trumpiano no surge en el vacío, sino como síntesis grotesca de contradicciones acumuladas por el capitalismo tardío. Es el hijo legítimo de una cultura que confundió valor con precio, reconocimiento con visibilidad y poder, con ruido. Su moral se articula como una semiótica del exceso, exceso de afirmación, exceso de simplificación, exceso de agresividad performativa. Cada gesto, cada frase, cada exabrupto está diseñado para producir impacto, no sentido; para colonizar el espacio simbólico, no para argumentar. La verdad, en este régimen moral, no es correspondencia con la realidad, sino eficacia mediática. Lo verdadero es lo que se impone, lo que se repite, lo que grita más fuerte.

Ese ego sin límites se presenta, paradójicamente, como fortaleza. Trump convierte la carencia de autocrítica en virtud, la ignorancia en autenticidad, la mentira en estrategia. Aquí la moral se disuelve en una lógica empresarial donde todo es negociable salvo la centralidad del yo. No hay principios, hay transacciones; no hay valores, hay marcas. El sujeto se erige como empresa y el mundo como mercado hostil. En esta lógica, la ética es un estorbo porque introduce la alteridad, y la alteridad es siempre una amenaza para un ego que sólo puede sobrevivir, negando lo que no refleja su imagen.

Visto bajo una........

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