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La Universidad frente a la política de abrir las piernas

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26.03.2026

¿Qué país nación es esta, que vive un rato de euforia por el campeonato de béisbol del mundo y se goza, por dentro y por fuera, la entrega a un tercero de nuestros recursos naturales? ¿Que país nación es esta que mató la gallina de los huevos de oro?

Acabamos de vivir un espectáculo y en él, vimos flamear el tricolor. Entiendo que fue un un fugaz movimiento de bajar el telón y dejar atrás, tapado por un viejo, sucio y corroído telón, un «país» que le dolió a mucha gente en su devenir histórico.

Observar, el desarrollo de acontecimientos en el mundo y particularmente en el país, se hace necesario pensar en cambios institucionales. Este cambio, aunque se vea como prioritario o de primer orden es poco probable. El poder político constituido sabe de antemano, que esta vía del cambio es contraria a sus intereses. Las dictaduras que dominan al mundo, navegan con buen viento y tienen plena claridad de sus propósitos. No están dispuestas a quitarle la ceguera a la gente.

A pesar de lo poco probable de este posible cambio, vale la pena, por el drama, ver en este inmenso más de estupideces, unas cuantas conchas de cocos a la cuáles podamos aguantarnos para intentar no morir ahogado en la orilla de este mar. Hace sesenta años atrás, la derecha del país veía con muy mala cara, aquello de la autonomía universitaria.

Hoy en este mar de estupideces y por una práctica útil y circunstancial (oportunidad), esa derecha (oposición) quiere la autonomía, y los que ayer soñaban con más autonomía, le han rasgado sus vestimenta. La universidad autónoma parece ser un buen escenario para prender los carbones de una nación.

Hoy se hace muy necesario y urgente, volver a esa gran obra de José Ortega y Gasset, cuyo título es «Misión de la Universidad" . Creo recordar, que está obra se publicó a principios del siglo XX. Pensaba José Ortega y Gasset y lo expuso en esta obra, que está misión debía estar sincronizada con una claro tema: ¿Para que una universidad?.

Hoy cuando estamos muy lejos del sistema de vida que existía en ese ayer, vemos como espectadores, la realidad que bombardeaba Ortega y Gasset con esta obra. Hoy el excesivo tecnicismo, el afán por la especialización y por colocarnos sendas vendas en los ojos, ocupa un importante espacio en la academia. Vale la pena hoy pensar , desde la realidad nuestra, esta obra.

Ortega y Gasset describia y descubría anticipadamente los «bárbaros» (muy especializados) que las universidades echarían a la calle. En mi opinión, fue este el tema central y medular de esta obra. La universidad no debía focalizarse en enseñar para hacer y abandonar un factor (el cultural) que aporta nutrientes para encontrar mejores luces. Más que saber una cosa; la misión de la universidad era emprender un esfuerzo para poner el acento en el comprender, desde una visión histórica, las realidades. El comprender visto desde la perspectiva de Ortega y Gasset era un factor para fomentar el pensamiento crítico y evitar que a través del atajo de enseñar a hacer, se abriera un canal para la instalación de técnicos que son muy efectivos obedeciendo y sumando.

Duele hoy, ver como estos técnicos cargan una potente calculadora en su mente y muy rápidamente saben, cuántos millones de dólares recibirá el «país», bajo un tutelaje. Vemos hoy también, la destrucción de la naturaleza en el arco minero.

Estos técnicos de uno y otro lado político, se juntan a distancia y en sus ojos se reflejan las cajas registradoras que tienen en sus cabezas.

Volver a Ortega y Gasset, implica ver al país desde la universidades, no como un depósito de recursos. No es suficiente ser el «país» con más petróleo y otros recursos en el mundo. Necesitamos, desde la universidad, volver a encontrarnos con Ortega y Gasset, pero también ir a un encuentro verdadero con Mariano Picón Salas, Briceño Iragorry, Arturo Uslar Pietri, Augusto Mijares y otros muchos venezolanos que pensaron que primero debíamos tener un país nación. Necesitamos una buena hacienda con la universidades para producir venezolanos.


© Aporrea