¿Qué pasó?
Desde su torre de marfil, apartado del bullicio y del fragor de los eventos, este cronista observa su país como un entomólogo examina una colonia de hormigas, con fruición, perplejidad y asombro...
-¡Esto es Macondo!
Su exclamación espanta una bandada de loros en el bosque vecino a su morada. "Aquí pasa de todo", dice entre dientes. Entonces escribe éste que anticipa largo memorial.
Un presidente rubio del norte invade como un bucanero inglés del siglo XVI a este país de marras. Secuestra por sorpresa a su presidente adversario. Cien cadáveres quedan a su paso. Al punto anuncia que lo mejor para todos es entenderse con la Vicepresidenta de ese presidente. En cambio, con un brutal movimiento de cadera, hace a un lado y saca del tablero a quien de hinojos promovió esta invasión, su obsecuente aliada, creyendo que usufructuaría de ella. "No tiene el respeto de su pueblo", es la lindura que le dice.
¿Se quiere más realismo mágico? Como puede verse, Melquíades y Blacamán no son literatura sino reflejo de un continente real maravilloso.
Aguzando su mirada, este cronista da por sentadas varias verdades:
Más que creer, sabe que el presidente saliente quería llevar a cabo todo cuanto con sagacidad sorprendente hace hoy su Vicepresidenta, encargada de la presidencia vacante: restablecer las relaciones con la gran potencia del norte, abrir sus campos petroleros a la inversión privada de las grandes transnacionales, liberar a los presos políticos. Sólo que convertido en cabeza de turco, culpable de todos los yerros, a los gringos les era imposible concertar estas acciones con él. Cierta tozuda y torpe oposición extremista se encargó de construir esta leyenda negra, y el presidente hoy secuestrado se transformó en un monstruo de siete cabezas: narcoterrorista, capo de un mítico Cartel de los Soles, asesino, torturador, socio de jomeinistas, cómplice de la guerrilla colombiana, corrupto de siete suelas. Fallecido el Comandante Eterno, testador de todos nuestros males, quien legó por ponzoñosa herencia un régimen autoritario represivo de partido-Estado y la mayor devastación económica de nuestra historia de la Guerra Federal a esta parte, algunos oposicionistas patológicos creyeron que socavando el prestigio del nuevo presidente podría derrocársele y asaltar el poder a la fuerza. Y los gringos y sus adminículos internacionales compraron ese discurso, arrojando sobre su gobierno y sobre los ciudadanos de aquel país expoliado y traicionado las diez plagas de Egipto: sanciones, recompensas, juicios penales,........
