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El infierno tiene herederos

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17.10.2026

Los límites del progresismo ante una tragedia que atraviesa fronteras

El infierno se ha extendido. En Brasil los demonios tienen apellido, pero su avance pertenece a una geografía mucho mayor que la de una familia. La ventaja de Flávio Bolsonaro y el fortalecimiento de la extrema derecha en el Congreso y los gobiernos estaduales amenazan nuestro porvenir. Brasil pesa demasiado en nuestras posibilidades de autonomía, en nuestras disputas democráticas y en las condiciones materiales de nuestra existencia para contemplar lo ocurrido como extranjeros. Esas posiciones ofrecen una plataforma para conquistar la presidencia y someter sus contrapesos. Si esa ofensiva se completa -y solo un milagro parece capaz de impedirlo-, arrastrará mucho más que un gobierno. El desenlace presidencial sigue abierto, pero nuestro porvenir común ya está siendo diezmado.

La escena familiar condensa una torsión inquietante: el padre condenado por intentar doblegar el orden democrático; la esposa y un hijo elegidos para el Senado; otro hijo diputado; Eduardo, prófugo de la justicia instalado en Estados Unidos y dedicado a promover presiones contra su propio país; y Flávio, a las puertas de una presidencia desde la cual podría favorecer la libertad del patriarca. La sucesión promete convertir la sanción del golpismo en un inconveniente transitorio del patrimonio doméstico. Detrás del apellido hay poderes empresariales, organizaciones religiosas, redes territoriales y plataformas digitales, junto con resentimientos cultivados, racismo y expectativas que las izquierdas no supieron convertir en un horizonte propio. La monstruosidad se construye, se financia y aprende a presentarse como solución. Puede ofrecer a quienes padecen la desigualdad el consuelo de ejercerla sobre alguien situado aún más abajo.

Hay aquí una dimensión trágica que excede el dolor de una derrota electoral y recupera aquella escena griega en la que los protagonistas contribuyen, con sus actos, a preparar su desgracia. El pueblo desciende de las gradas y entra en el escenario: sus decisiones forman parte de la trama que puede despojarlo de derechos y estrechar sus posibilidades de existencia. Las promesas de protección pueden armar a sus verdugos; las de libertad, legitimar nuevas servidumbres. El reconocimiento del sentido de sus actos acaso llegue cuando el daño resulte irreparable. Pero el oráculo contemporáneo tiene financiadores, operadores y medios: trabaja para que una relación de fuerzas construida históricamente adquiera la autoridad de un destino. Queda una segunda vuelta, aunque el horizonte se haya oscurecido hasta volver casi inverosímil otro desenlace. También esa incredulidad interviene en la tragedia: la certeza de la derrota puede convertirse en uno de los actos que ayudan a consumarla.

La amenaza alcanza el suelo y el cielo de esa historia. La Amazonia, los territorios indígenas y las condiciones climáticas que sostienen la vida desbordan cualquier contabilidad nacional de vencedores y vencidos. La convergencia entre autoritarismo, subordinación continental y devastación ambiental vuelve el peligro brasileño una preocupación planetaria. México y, en menor medida, Uruguay -con su aturdido y tibio gobierno progresista- ofrecen apoyos para imaginar otros rumbos, pero ninguna resistencia cabe por entero en un mapa de presidencias. También vive en organizaciones, comunidades y luchas que persisten bajo gobiernos adversos. La tragedia avanza, pero su desenlace todavía deberemos disputarlo.

El Senado aprueba las designaciones de integrantes del Supremo Tribunal Federal y puede juzgarlos por delitos de responsabilidad. Su composición compromete al poder que sancionó la tentativa golpista. Rogério Marinho, coordinador de la campaña de Flávio, llevó al presidente de la Corte una promesa de ausencia de revancha, acompañada de la advertencia de que el Senado no se inhibiría de juzgar a los magistrados. La mano tendida deja a la vista el instrumento de castigo. Después de anunciar que tendría votos para cambiar la Constitución y "redemocratizar" Brasil, Flávio aclaró que promovería enmiendas parlamentarias. La precisión mantiene el propósito de recortar competencias del Supremo, limitar decisiones individuales y modificar las designaciones, junto con reclamos de juicio político. Respetar la Constitución puede convivir con el propósito de debilitar a quienes deben hacerla cumplir. Reformarla exige tres quintos de cada cámara en dos votaciones: 308 diputados y 49 senadores. El Partido Liberal, Unión-Progresistas y Novo reúnen 218 diputados y, según la composición proyectada, 43 senadores. Destituir a un magistrado exige una mayoría distinta: 54 senadores. La amenaza dispone de una fuerza acrecentada, pero........

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