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La Geopolítica Atlántica de España

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06.01.2026

I. Introducción: La situación actual de España y su potencial geopolítico

En la actualidad, España atraviesa una fase de declive político y económico, que se ha acentuado especialmente desde el atentado contra el Almirante Carrero Blanco en 1973. Este evento marcó un punto de inflexión que redujo al país a un Estado de tercer orden, con una influencia internacional menguante y una soberanía debilitada, comparable a la de las antiguas colonias. El crimen cometido contra la persona de Carrero y sus tres acompañantes, formalmente atribuible a la banda terrorista separatista vasca ETA, siempre ha despertado todo género de dudas y sospechas. Las más moderadas tienden a destacar lo increíble que resulta que la CIA no tuviera conocimientos sobre la preparación del atentado y la extrañeza ante el hecho de que el Almirante no gozara de mayor protección, habida cuenta del alto grado de infiltración y control de que gozaban los norteamericanos –la CIA- en la España de entonces, como en la de ahora. El hecho es que las reticencias soberanistas españolas que pudiera representar la figura de Carrero, quedaron neutralizadas con este magnicidio.

Sin embargo, la posición geográfica de España —ubicada en una región crítica del mundo— le confiere, en sí misma. un potencial geopológico intrínseco que no ha sido aprovechado, debido a este mismo declive. Este artículo sostiene que, a pesar de su decadencia casi crónica desde la época de los Austrias, España posee las condiciones objetivas para recuperar su estatus como potencia media, siempre que cuente con un liderazgo fuerte y una política exterior independiente.

II. Factores históricos del declive español: injerencias externas y debilidades internas

La pérdida del imperio universal que España detentó entre los siglos XVI y XVIII marcó el inicio de un proceso de decadencia que la llevó incluso a convertirse en un Estado-nación fallido durante el siglo XX.

En este punto conviene aclarar que España "no tuvo un Imperio": lo correcto sería decir "España fue un Imperio". La síntesis de los reinos medievales hispánicos, catalizada a partir del Reino Asturiano y germinalmente acaecida en la Gesta de Covadonga (722) fue una transformación de naturaleza aglutinante, no absorbente. El resultado imperial formalmente dado con la Unión lograda por los Reyes Católicos (1479) fue de tipo aglutinante y ello fue así también en lo que respecta a las incorporaciones americanas. En diversos escritos hemos explicado la diferencia entre Imperio absorbente e Imperio aglutinante. Véanoslo ahora de forma apretada.

Absorbente, a la manera anglosajona, por ejemplo, implica que en un imperio se da la reproducción y calco de una plantilla o paradigma inicial impuesta –normalmente de forma violenta, por exterminio pero también por aculturación desigual, a otras realidades étnicas. Yendo a la Antigüedad, el comportamiento de Roma nos parece absorbente con respecto a etnicidades que los romanos percibieron –con razón o sin ella- como inferiores (celtas, iberos, germanos) en sus conquistas europeas, pero los mismos romanos fueron más aglutinantes en las provincias "civilizadas" de Oriente.

La distinción entre imperios que manejó mi profesor, el filósofo español Gustavo Bueno es muy diferente, y en ella se contiene una valoración moral, que es inapropiada para el realismo (geo)político que queremos mantener. El autor riojano se refería a imperios "generadores" (moralmente superiores) para describir estructuras que "generaban civilización" a partir de una matriz previa, como Roma o España, despojando de valor o integrando como meras partes materiales a las culturas vencidas. Los romanos, así, habrían acabado (positivamente, en lo ontológico y en lo moral) con la "barbarie" celta (que incluía escaso desarrollo urbano y escritura, eventuales sacrificios humanos), de un modo análogo a como los españoles eliminaron (positivamente también) el canibalismo y la agrafía de las civilizaciones precolombinas de América, que sí conocieron ciudades y organización estatal pero vivían con una tecnología neolítica y al margen por completo del "área de civilización helénica" [1].

España fue aglutinante en la península durante siglos, hasta la imposición de la ideología liberal en el siglo XIX, con respecto a sus propios territorios y con respecto a sus diversas peculiaridades étnicas, forales, lingüísticas. Aglutinante quiere decir que se crea el Imperio asimilando realidades étnicas y jurídico-políticas muy diversas, integrándolas sin destruir y asumiendo porciones valiosas de ellas para forjar una unidad superior. Así se hizo España en la Reconquista, y así continuó su desarrollo imperial después de 1492, aunque con matices.

El hegemonismo castellano está circunscrito al intervalo entre el siglo XIII y el XVIII, y no es un requisito eterno (aunque sí esencial) para la Hispanidad y la Españolidad. No pudo funcionar como plantilla única para crear realidades superiores, "supra-castellanas", aunque tuvo ese momento dorado entre fines de la Edad Media y la llegada de los Borbones. En cuanto a la España americana, la distancia étnica y cultural con respecto a las culturas y civilizaciones precolombinas era mucho mayor y, de manera análoga a Roma, el comportamiento oficial o formal del Imperio -o Monarquía Hispánica- fue de tipo más absorbente con respecto a las culturas indias: las instituciones administrativas, judiciales, educativas, militares, eclesiales, etc. se "calcaron" de acuerdo con la misma plantilla que en la parte europea, y más concretamente, castellana. No fue así en el orden cultural, informal, en el plano del mestizaje y formación de familias, comunidades, etc., en donde hubo mucho más componente indígena, y la existencia de una América Española fue asimilativa, más que absorbente.

Basten estas líneas para indicar que España fue Imperio, y no se debe decir que "tuvo un Imperio", en el sentido del "imperio" anglo, francés, holandés, es decir un Estado colonial, oficialmente asimétrico, donde los dominios ultramarinos no gozaban del mismo status jurídico, administrativo y económico que la metrópoli. Esto dicho, en descargo de España como entidad histórica y en honor de la verdad, no guarda relación alguna con la "Leyenda Rosa" que algunos escritores (muchos de ellos discípulos del mencionado profesor Bueno)........

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