La paradoja de las citas: la Gen Z anhela conexiones profundas, pero teme iniciar conversación
El mundo de las citas no es nada sencillo. Y aunque millennials podrían pensar que la tienen más complicada con la edad, la realidad es que la Gen Z no la tiene más fácil, pues aunque anhelan conexiones profundas, no pasan de conversaciones superficiales que no llevan a ninguna parte.
Así tenemos una paradoja: una generación digitalmente nativa que, aunque es experta en la comunicación en línea, se enfrenta al enorme reto de trasladar esa fluidez a la intimidad.
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Una nueva investigación de Hinge, app de citas creada para ser eliminada, revela qué es lo que dificulta ese primer acercamiento.
El reporte D.A.T.E. 2025 encuestó a más de 30 mil personas en todo el mundo para entender cómo la Generación Z tiene citas hoy. En paralelo, Hinge realizó un estudio local en México para profundizar en los retos específicos de esta generación. ¿La principal conclusión? Aunque la conexión emocional es el objetivo, las barreras de comunicación siguen frenando ese potencial.
Entre los datos más relevantes que salen del reporte en México está que:
De forma sencilla, el reporte D.A.T.E. 2025 explica que la “Brecha de Comunicación” es la desconexión entre el anhelo de tener conversaciones significativas y la disposición real para ser quien da el primer paso. Es querer profundidad, pero quedarse en la superficie por miedo o incertidumbre.
Los datos de la investigación de Hinge a nivel global ilustran este abismo de manera contundente:
Estos datos muestran claramente la brecha, pero ¿qué factores la están causando?
Hay que considerar que esta brecha de comunicación no surge de la nada, sino de barreras específicas y comprenderlas es el primer paso para superarlas.
Muchas personas experimentan lo que se conoce como vulnerability hangover (o resaca de vulnerabilidad): esa sensación de vergüenza o exposición después de abrirse emocionalmente, acompañada de dudas como “¿dije demasiado?” o “¿qué pensará de mí?”.
Sin embargo, la investigación revela algo sorprendente:
La lección es liberadora. Aunque tememos que la otra persona nos va a juzgar por abrirnos “demasiado”, la realidad es que ese juicio casi nunca llega. Esa ansiedad por abrirnos es una barrera interna, no una respuesta a una amenaza real. La mayoría de las personas valora y recibe bien la honestidad emocional.
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El informe también reveló otro obstáculo para la conexión: el déficit de preguntas.
Se trata de la diferencia entre la cantidad de preguntas que las personas creen hacer y la cantidad que su cita siente que les hace.
Si bien el 85 % de las personas que salen en citas son más propensas a querer una segunda cita cuando se les hacen preguntas reflexivas, no hacen tantas preguntas como a sus citas les gustaría.
Este déficit de preguntas no solo crea una conversación desequilibrada, sino que a menudo es un síntoma del miedo a la vulnerabilidad: tememos preguntar algo demasiado profundo o personal.
Este desequilibrio impide que la conversación fluya de manera recíproca, pero una forma muuuy sencilla de contrarrestar esto es “Si tu cita te pregunta........
