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Embajador Gilles Roduit, testigo de excepción

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28.07.2026

Un embajador exitoso se ve a leguas, no porque brilla, sino porque sabe disimular. Un diplomático honesto es el que hace lo que su Gobierno instruye y no lo que él piensa. Por supuesto, un hombre de la diplomacia representa los valores de su nación y a la vez tiene la capacidad de ser la voz privilegiada en el terreno para evaluar y, con objetividad, manejar información privilegiada para los hacedores de política exterior en las respectivas capitales. Gilles, sin duda, fue un buen embajador de Suiza en Venezuela, asimiló rápidamente la realidad del país, aprovechó su experiencia diplomática y el dominio del español para moverse como pez en el agua turbulenta de estos tiempos, mantuvo una misión activa y con la sutileza que le correspondía como representante de un país clave en la comunidad internacional, hizo una labor que dejará huella, apoyó causas nobles, actuó en situaciones complejas en beneficio de los derechos humanos y desarrolló un trabajo cultural que acercó aún más a los dos países.

Su tiempo entre nosotros llega a su final. Para algunos terminar misión puede ser una bendición, para otros un lamento. En el caso de este suizo, en su partida deja muchos afectos. En lo personal, lo extrañaremos, no solo hicimos una buena relación como colegas, coincidió que también viví en su país, sino que además, con la confianza de pertenecer a la misma estirpe, hicimos una buena amistad, intercambiamos visiones sobre el país de estos tiempos, los cambios en el mundo de hoy, las relaciones internacionales y el futuro de Venezuela. Cada encuentro fue una oportunidad para evaluar........

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