Consummatum est
odo está hecho, todo está decidido. La voluntad del Padre se ha cumplido.
Somos nada dentro de un todo que nos arropa y sobrepasa, poco o nulo control tenemos. La humildad y la entrega son las que nos hacen verdaderamente fuertes.
El mal es la fuerza del egoísmo, es el yo en su máxima expresión, un yo que va más allá del individuo y se potencia en el grupo. Como nos advierte Simone Weil, la carne impulsa a decir yo, y el diablo impulsa a decir nosotros, fabricando siempre una falsa imitación de lo divino. La nada, en cambio, es la entrega a lo que nos supera, a lo que no entendemos y que nunca podremos entender, por más empeñados que estemos en conseguir una verdad que termina siendo piedra sobre piedra para construir nada.
La verdad termina siendo relativa por más que la realidad se imponga. Son los intereses quienes la construyen a su medida, arropados en mantos de moralidad que ocultan las deformidades de las miserias que nos acompañan hasta la entrega. Es allí, en la entrega, donde está la verdad real, una realidad de la que nadie podrá escapar y donde se resume el todo y la nada.
Vivimos actuando sobre escenarios diseñados para satisfacer egos, vanidades que deslumbran con rayos de maldad, caminos de heridas y cicatrices que no sanan, almas sin alma, cuerpos petrificados que siguen órdenes........
