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Cinematográficamente teatral

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18.03.2026

Cuando el cine te transporta a las tablas y el guion te sumerge en una realidad que parece tuya: la sientes, la vives, la sufres y sales con una sensación difícil de describir, una historia que no sale rápido de tu mente.

Eso te pasa con Hamnet, un drama histórico que crees que no te sorprenderá y termina dándole 3 vueltas a tu corazón. Un guion cargado de poesía natural, sufrimiento, renacimiento y separación. Una forma muy visceral pero profunda de contarnos cómo el dolor se transita y logra transformarse de maneras diferentes, pero hermosamente mágicas.

La crítica no le creía mucho a Chloé Zhao, a pesar de haber creado joyas como Nomadland (también nominada al Óscar en años anteriores), porque ha sido marcada dentro de la industria con un aura de sobreactuación, dirección poco natural y muy apreciativa, rayando en lo aburrido y desnaturalizado, pero con Hamnet calló más de un par de bocas, gracias también a la hermosa prosa coescrita por la talentosa Maggie O’Farrell.

Lo que creíamos iba a terminar siendo una clase teórica de la vida familiar de Shakespeare, terminó siendo una inspiración artística centrada en el sufrimiento de una madre, Agnes Hathaway, quien lidió con la muerte de su hijo Hamnet a los 11 años por la peste bubónica.

No es una película hollywoodense, como dicen por ahí, no es comercial, no es para todo el público (en cine llegué a escuchar que no se conectaron y hasta una risa irónica por no haberla entendido), pero quien la logra interiorizar, sentir, apreciar como lo que es, la sufre placenteramente sus 2 horas y media. Sin duda alguna tiene dos de las escenas más recordables y hermosas que he llegado a ver dentro de todo el cine que conozco, sin exagerar.

Es magnífico cómo en la historia humana el arte ha servido de canalizador, medio de comunicación y expresión de la tragedia de una forma tan potente e inspiradora. Ver cómo un duelo afecta tanto las dinámicas familiares, cómo cada uno lo sufre diferente dentro de su realidad, aunque parezca ser la misma, cómo una madre siempre quisiera entregar su vida a cambio de la de sus hijos y como al final la irremediable muerte nos termina encontrando.

Con 8 nominaciones al Óscar, Hamnet es para muchos la mejor película del 2025, la actuación excepcional de Jessie Buckleymerece ser reconocida, pues es quien más peso le da a la trama, llevando la película a ese escenario emocional que logra conectar con el espectador. Y Paul Mescal no se queda atrás, cargando el papel secundario como Shakespeare, quien llevó hasta las tablas su representación viva de dolor a través de la historia de Hamlet.

Si se quiere dar un regalo cinematográfico, véasela, pero degústela con tranquilidad, sin expectativa, despacio y apreciando cada detalle: el arte que nos sumerge en la Inglaterra del siglo XVI, la prosa hermosa del guion creado por O’Farrell, las naturales actuaciones de los niños Jocobi Jupe y Olivia Lynesc (quienes recrean a los gemelos), una banda sonora que te va sumergiendo en la atmósfera lújebre, poniéndole especial atención a cómo tu cuerpo va reaccionando entre escenas.

Hay otras joyas que se pueden ver antes de las premiaciones del domingo, como Sentimental Value, de Joachim Trier, un drama noruego protagonizado por Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lilleaas, Stellan Skarsgard, Elle Fanning y Cory Michael Smith que también te moverá fibras. Una escritura muy conmovedora y una dirección cuidadosamente emocional y cercana.

O No Other Choice, una película surcoreana que debió haber entrado en la nominación de Mejor Película Internacional, centrada en la historia de un hombre recién despedido que mata a todos sus rivales para un nuevo trabajo (una sátira muy bien planeteada sobre la dificultad laboral para las personas mayores), del director del clásico Old Boy, Park Chan-wook. Tiene 100 % en Rotten Tomatoes.

Saque espacio este finde para sentir y vea buen cine, ya hay nominadas subidas a plataformas de streaming como HBO.


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