Elecciones presidenciales en Perú: ¿importa la polÃtica?, por Carlos Ugo Santander
Elecciones presidenciales en Perú: ¿importa la polÃtica?, por Carlos Ugo Santander
El domingo 12 de abril, los peruanos con poco entusiasmo acudirán a las urnas para elegir a un nuevo presidente. Pero esta elección no parece abrir un diálogo con el futuro, sino poner al descubierto la precariedad del presente polÃtico peruano.
En las últimas décadas, la polÃtica peruana ha estado marcada por una inestabilidad persistente, en la que figuran expresidentes encarcelados, uno suicidado y otros destituidos antes de concluir su mandato. En este contexto, la pregunta deja de ser solo quién ganará la elección sino qué condiciones estructurales explican que el ejercicio de la presidencia en el Perú parezca conducir, una y otra vez, al descrédito, la sanción o la caÃda. ¿Será, entonces, que la polÃtica importa?
35 candidatos disputarán la presidencia de Perú, lo que refleja una alta fragmentación polÃtica. Esta cifra representa una de las contiendas más complejas de la historia del paÃs, en busca de los sucesores para el perÃodo 2026-2031.
Desde luego, el número de candidatos no es el elemento causal, sino la dispersión de las preferencias que configuran la fragmentación, que no puede explicarse por una sola cosa, sino por la convergencia de varios factores: desde reglas electorales permisivas, que han implicado una facilidad para inscribir partidos, hasta un sistema electoral centrado en los candidatos (voto preferencial), pulverizando principalmente a los partidos menos institucionalizados, menos programáticos y además menos disciplinados.
Se suma a las reglas institucionales, la heterogeneidad social —la dimensión identitaria, étnica y la dimensión urbano-rural— y la territorial. En este último caso, es el proceso de descentralización en el que cada región busca representación con base en movimientos y maquinarias propias lo que ha provocado una desconexión de las plataformas nacionales que se organizan sin densidad social, ni capilaridad territorial.
A esto se suma la crisis de representación, donde los partidos pierden legitimidad constante dada la precariedad de las gestiones de gobierno y el déficit de legitimidad, abriendo espacio a nuevas organizaciones y movimientos anti-establishment.
Esto se ve retroalimentado por un sistema de medios de comunicación, antes la televisión y hoy las redes sociales, que facilitan candidaturas más personalistas, menos dependientes de aparatos partidarios, lo cual fomenta la fragmentación y la invisibilidad de la cuestión programática.
Esto se ve retroalimentado por un sistema de medios de comunicación, antes la televisión y hoy las redes sociales, que facilitan candidaturas más personalistas, menos dependientes de aparatos partidarios, lo cual fomenta la fragmentación y la invisibilidad de la cuestión programática.
Una de las causas de la fragmentación es la economÃa ya que el neoliberalismo contribuye a la fragmentación, fundamentalmente cuando desorganiza las bases sociales de la representación, diluye las diferencias programáticas entre partidos y conduce a una guerra de “eliminación†del adversario.
El especialista Kenneth Roberts evidencia cómo ese mecanismo funciona. Primero, el neoliberalismo rompe los vÃnculos históricos entre partidos y sociedad. Y es que si un partido que representa a la clase trabajadora, a sectores populares o clases medias organizadas aplica reformas de mercado que golpean justamente a su base, el vÃnculo se erosiona.
En Perú, el colapso del sistema de partidos de los 90’ se mantuvo inclusive después de la caÃda del régimen autoritario en el año 2000, con la mantención de la Constitución de 1993. Los partidos, antes diferenciados programáticamente, convergieron de una forma que invisibilizó la marca partidaria y generó el continuo desalineamiento programático.
No se trata solo de que candidaturas de centro o centroizquierda prometieron una cosa y gobernaron haciendo otra, como Alejandro Toledo, Ollanta Humala o Alan GarcÃa, que aplicaron o mantuvieron reformas neoliberales, sino también de que no se diferenciaron nÃtidamente entre las ofertas partidarias, contribuyendo a simplificar la percepción de que “todos son lo mismoâ€.
Un tercer mecanismo es la colonización de la vida a través de la precarización, desigualdad y frustración. Y cuando los partidos más institucionalizados no canalizan ese malestar, aparecen ofertas por fuera del sistema, ya sea como outsiders o no (como ocurrió con Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo). De esa forma, la precarización institucional de la polÃtica termina sosteniendo la reproducción del modelo económico, de ahà que la economÃa vaya distante de la polÃtica.
Los modelos de desarrollo no solo producen efectos socioeconómicos; no existe disociación, aunque distintos campos disciplinares insistan en que existe una distancia significativa. La asociación se da en la medida en que las polÃticas económicas definen una agenda polÃtica, encuadramiento de la representación y contenidos programáticos propios de una disputa polÃtico partidaria.
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En términos comparados, existe una asociación entre modelos de desarrollo inclusivos y universalistas y menores niveles de fragmentación partidaria. Mientras que los modelos menos inclusivos o neoliberales que tienden a invisibilizar lo programático y buscan la convergencia, tienden a erosionar vÃnculos sociales, debilitar identidades partidarias y volver más inestable la representación.
Por eso Perú se ha convertido en el abanderado neoliberal en América Latina, un modelo a seguir, dado que la precarización es una especie de cÃrculo virtuoso para mantener la economÃa alejada de las consecuencias polÃticas y sociales.
Por eso Perú se ha convertido en el abanderado neoliberal en América Latina, un modelo a seguir, dado que la precarización es una especie de cÃrculo virtuoso para mantener la economÃa alejada de las consecuencias polÃticas y sociales.
Quizás Keiko Fujimori, quien parece probable llegue a la segunda vuelta, puede, si resulta electa, probar del veneno que su padre inoculó con la precarización institucional del sistema polÃtico y social en el Perú. Y si el ganador es un opositor de la economÃa neoliberal, será defenestrado bajo la misma hegemonÃa neoliberal del tipo gramsciano que predomina en el Perú.
Carlos Ugo Santander es politólogo y profesor e investigador asociado de la Universidad Federal de Goiás (Brasil). Doctor en SociologÃa por la Univ. de Brasilia (UnB). Postdoctorado en la Univ. de LUISS (Italia). Especializado en estudios comparados sobre América Latina.
www.latinoamerica21.com, un medio plural comprometido con la divulgación de información crÃtica y veraz sobre América Latina.
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