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Un orden mundial neo-orwelliano, por Fernando Mires

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09.06.2026

Un orden mundial neo-orwelliano, por Fernando Mires

«En aquel momento, por ejemplo, en 1984 (si es que era 1984), Oceanía estaba en guerra con Estenia y en alianza con Asia Oriental. En ningún discurso público ni privado se admitía que las tres potencias se hubieran agrupado nunca de otra manera. Sin embargo, Winston (el personaje central de 1984) sabía muy bien que sólo cuatro años antes Oceanía había estado en guerra con Asia Oriental y aliada con Estenia.

Pero aquello era un conocimiento furtivo que él poseía únicamente porque su memoria no estaba debidamente controlada. Oficialmente, el cambio de socios nunca había tenido lugar. Oceanía estaba en guerra con Estenia; por lo tanto, Oceanía siempre había estado en guerra con Estenia. El enemigo del momento representaba siempre el mal absoluto, de lo cual se deducía que cualquier acuerdo pasado o futuro con él era imposible». (George Orwell, 1984, primera parte, capítulo 3)

La repartición del mundo en tres imperios me pareció siempre, no tanto una distopía, más bien una previsión política genial de George Orwell. Coincidió con el hecho de que cuando leí por primera vez 1984, tenía lugar el cisma de China con respecto al comunismo mundial encabezado por la URSS de Nikita Kruschev.

La repartición del mundo en tres imperios me pareció siempre, no tanto una distopía, más bien una previsión política genial de George Orwell. Coincidió con el hecho de que cuando leí por primera vez 1984, tenía lugar el cisma de China con respecto al comunismo mundial encabezado por la URSS de Nikita Kruschev.

En esos momentos, cuando Kruschev comenzaba la des-estalinización de la URSS, es decir, una serie de reformas que, si bien no convertían a la URSS en algo parecido a una democracia, tuvo al menos el mérito de des-totalizar, por lo menos en parte, el poder totalitario.

Kruschev estaba lejos de ser un demócrata, pero fue artífice del «deshielo», título de una muy interesante película soviética que causó fuertes discusiones entre los atónitos comunistas de los años sesenta (de algunas de ellas fui testigo presencial) poco acostumbrados a discutir entre ellos. Hoy podemos decir: el fin del stalinismo comenzaba a ser el fin del stalinismo ruso.

Krusvhev nos fue revelando con todos sus detalles el espantoso Gulag, las deportaciones forzadas, el asesinato de miles de comunistas, entre ellos toda la vieja guardia que acompañó a Lenin (Stalin, no olvidar, asesinó a más comunistas que Hitler). Pero, sobre todo, la esclavitud que tenía lugar en los campos de concentración soviéticos llego a su fin.

A su manera rusa, y con algo de ironía, Kruschev puede ser considerado algo así como el Abraham Lincoln de la URSS. El trabajo forzado, bajo Kruschev, fue convertido en trabajo asalariado. La dictadura de Breschnev, llamada por los propios rusos periodo del «estancamiento», comenzó a anunciar el deterioro del ideal comunista a escala mundial.

No deja de ser irrisorio. Stalin, junto a Hitler (a Napoleón le faltaron armas más modernas) han sido los asesinos más grandes de la historia de la humanidad, pero los dos gozaron de amplia popularidad, tanto nacional como internacional, popularidad que terminó cuando Kruschev puso fin a ese deporte practicado por todo totalitarismo: los asesinatos en masa, ya sea dentro como fuera de la URSS.

Intentando una mirada larga, podemos afirmar que sin Kruschev nunca el ideal stalinista se habría venido abajo arrastrando con su derrumbe la ideología del comunismo como «fase superior en el desarrollo de la humanidad», según los propios comunistas.

El periodo Breschnev fue un periodo de descenso del comunismo a nivel mundial y, sin ese descenso, nunca habría tenido lugar la aparición de un Gorbachov, de la Perestroika y del consiguiente derrumbe de las naciones-colonias de la URSS en Europa del Este y en Europa Central.

Desde su punto de vista totalitario el dictador Putin tuvo razón cuando vio en el derrumbe de la URSS una catástrofe. Esa catástrofe, sin embargo, ya había sido prevista por Mao Tse Dong quien vio en el fin del totalitarismo soviético una traición al comunismo mundial, razón por la cual se apresuró a romper con la URSS de Kruschev e intentar convertir a China en la vanguardia revolucionaria del planeta.

Desde su punto de vista totalitario el dictador Putin tuvo........

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