Misterios químicos
Todos somos aleaciones. / Agencias
En el bronce, que es la suma del cobre y el estaño, no hay forma de reconocer ni el cobre ni el estaño. Surge de su encuentro, pero al modo de una aparición. Las cosas no son siempre fieles a su origen. A veces juntas dos elementos relativamente humildes y aparece algo nuevo, duro, sonoro, casi noble. El bronce, por si fuera poco, inaugura una edad histórica, una civilización. No fue solo una mezcla, en fin: alumbró una metamorfosis cultural. Por eso nos sorprende. Hay personas que, cuando están solas, resultan corrientes, pero que al juntarse con otras producen un tercer ser inesperado. Dos mediocridades pueden generar algo de una intensidad enorme. O al revés: dos inteligencias brillantes dan lugar con frecuencia a una ensalada inerte. Hay conversaciones que funcionan como aleaciones. Entra uno en ellas siendo cobre o estaño y sale siendo otra cosa irreconocible.
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