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El botón rojo

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07.03.2026

El Congreso de Estados Unidos decidió no limitar los poderes de guerra del presidente Donald Trump. La votación, que en otras circunstancias podría pasar como una discusión técnica sobre facultades constitucionales, adquiere una dimensión distinta cuando se observa quién es el personaje que ahora conserva esa capacidad ampliada de actuar militarmente.

No se trata únicamente de una disputa jurídica entre el Capitolio y la Casa Blanca. Lo que está en juego es algo más delicado: cuánto margen de acción puede tener un presidente para ordenar operaciones militares en un momento internacional cargado de tensiones… Y con un estilo personal que ha demostrado ser todo menos prudente.

En teoría, el sistema político estadounidense fue diseñado para evitar que una sola persona concentre demasiado poder en decisiones tan graves como ir a la guerra. Por eso la Constitución otorga al Congreso la facultad de declararla.

El problema es que la práctica política ha ido erosionando esa frontera.

Durante décadas, distintos presidentes han ordenado ataques, operaciones encubiertas o despliegues militares sin que exista una declaración formal de guerra. El argumento siempre es el mismo: la velocidad de los acontecimientos exige decisiones rápidas.

Lo preocupante es que ese argumento ahora beneficia a un presidente que ha demostrado gobernar muchas veces impulsado por la reacción inmediata, el cálculo político del momento o simplemente el capricho.

No es una exageración. Basta revisar su historial.

Donald Trump ha convertido la improvisación en método. Ha anunciado decisiones estratégicas a través de redes sociales, ha amenazado con acciones militares sin coordinación diplomática previa y ha cambiado........

© SDP Noticias