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Un año más agrio que dulce

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El año 2025 fue un periodo lleno de acontecimientos; logramos ayudar a muchas personas, alegrando la vida de quienes más nos necesitan mediante conciertos, eventos y proyectos. Pudimos llevar a cabo el ejercicio más valioso que muchos políticos olvidan: la escucha. Sin embargo, como colombianos, también sufrimos grandes pérdidas; perdimos valiosos amigos, mentores y, de cierta manera, una parte de nosotros mismos. Esta columna representa mi reflexión personal sobre el año 2025, con sus altibajos y, especialmente, sobre la fragilidad de la vida humana, que más que nunca me afectó de manera profunda.

Durante la primera parte de 2025, dediqué mis esfuerzos a la cohesión social, escuchando a las personas y desarrollando propuestas integrales de política pública para jóvenes, veteranos y trabajadores. Siempre he creído que, para diseñar un proyecto comunitario, no basta con considerar la teoría, las leyes o los datos, sino que también es fundamental tener en cuenta las opiniones de las personas, con el fin de crear iniciativas verdaderamente inclusivas y libres de egos. De igual manera, me reincorporé a la campaña presidencial........

© Revista Semana