Las ONG ante el avance del autoritarismo reaccionario: del desconcierto a la repolitización
Desde que las ONG fueron reconocidas formalmente en el artículo 71 de la Carta de San Francisco de 1945, documento fundacional de las Naciones Unidas, hasta la actualidad, el mundo sobre el que estas organizaciones intervienen ha cambiado de manera extraordinaria hasta el punto de que ni las ONG a las que mencionaba este acuerdo internacional son las mismas, ni tampoco la sociedad global en las que estas organizaciones han ido desarrollando un trabajo que las ha convertido, por mérito propio, en vehículos preferidos para movilizar la acción colectiva en causas tan amplias como contrapuestas.
Ahora bien, el mundo que emerge tras décadas de una dañina globalización neoliberal presenta rasgos inquietantes de la mano de un ascenso de regímenes autoritarios que están fracturando el multilateralismo, socavando las bases democráticas y de libertades, de espaldas a los gigantescos desafíos ecosociales que tienen la humanidad y el planeta, cambiando por completo el espacio en el que han venido interviniendo las ONG.
Tras la posguerra, las ONG afianzaron su papel como actores destacados en la provisión de ayudas y servicios en sectores y poblaciones desfavorecidas, con un importante papel en las políticas de ayuda al desarrollo en países que habían alcanzado su independencia. No es casual que ya en los años sesenta, diferentes organismos internacionales comprendieran el valioso papel de estas organizaciones y trataran de incorporarlas a su trabajo, hasta el punto de que el crecimiento en número e importancia de las ONG en todo el mundo fue mediante el impulso institucional y el reconocimiento recibido por importantes organizaciones multilaterales, como el FMI, el BM, la OMC y la OCDE, entre otras.
El avance al proceso de globalización económica, junto a la imposición de las políticas de ajuste enmarcadas en el Consenso de Washington, otorgaron a estas ONG un renovado papel, en algunos casos oponiéndose a estas políticas ultraliberales de un enorme impacto social y desplegando intervenciones que trataran de paliar los daños causados sobre importantes sectores de la población, aunque también hubo otras organizaciones que comenzaron a colaborar con estos organismos multilaterales para legitimar así sus controvertidas políticas. Eran tiempos en los que el FMI afirmaba sobre estas ONG en documentos institucionales: “estamos dispuestos a aunar fuerzas en la consecución de objetivos comunes” (FMI, 2001), algo imposible si tenemos en cuenta los objetivos del FMI recogidos en sus estatutos fundacionales a la luz de los propósitos que se presuponen a cualquier Organización No Gubernamental surgida de la sociedad civil e independiente de los poderes públicos.
Desde entonces las ONG se extendieron por el mundo a la par que avanzaba el proceso de globalización neoliberal, como un fenómeno de la sociedad global y un exponente de las profundas transformaciones producidas en los estados y en la convivencia. El crecimiento desmesurado del fenómeno del “oenegeísmo” en todo el mundo y su aceleración en las últimas décadas llevó a la pérdida del carácter selectivo del término y una utilización interesada de estas organizaciones mediante una despolitización de sus discursos y prácticas. Esto ha llevado a muchas de ellas a un proceso de institucionalización marcado por la participación en la hoja de ruta neoliberal, interiorizando una profunda tecnificación de la acción colectiva sobre la que las ONG intervienen, al tiempo que desarrollando fórmulas de filantrocapitalismo paternalista neocaritativo a través de distintos instrumentos (apadrinamiento, marketing con causa, microcréditos, captadores de socios, etc) que han sido funcionales a los poderes económicos. A su vez, otras organizaciones, con un gran esfuerzo, han seguido trabajando cerca de los colectivos y pueblos oprimidos en el Norte y en el Sur para hacer valer su voz, dar respuesta a sus demandas y oponerse a las nuevas formas de dominación capitalista a través de ONG que mantienen el espíritu y el significado genuino de estas organizaciones.
Un nuevo marco disruptivo
El avance de la economía digital y la extensión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, junto al ascenso del autoritarismo de corte neocolonial en el mundo, han planteado un nuevo escenario que coloca a las ONG ante grandes dilemas, como consecuencia de un novedoso marco disruptivo que no se vivía desde que estas organizaciones surgieron.
La cosmovisión autoritaria e imperialista de estos gobiernos, de la mano del neoliberalismo con profundos rasgos filofascistas que impulsan, ha roto las frágiles bases democráticas en las que se desenvolvían las ONG, dislocando un desorden mundial muy precario en el que se sustentaba la humanidad. Para estos gobiernos autoritarios no hay límites políticos ni éticos, ni tampoco acuerdos jurídicos vinculantes o instituciones internacionales a las que respetar, queriendo reformular un nuevo sistema internacional en el que marcan sus reglas en función de sus apetencias, a través de un feudalismo digital sobre la base de un liberalismo reaccionario sin normas, donde la democracia, el derecho internacional, el consenso global o los acuerdos multilaterales son obstáculos a eliminar. Al mismo tiempo, emerge una nueva oligarquía de cibermagnates, propietarios del nuevo orden digital y comunicacional que también quieren tomar parte en el poder político que emerge, avanzando en lo que diferentes autores denominan como tecnofeudalismo.
El auge del autoritarismo global está modificando radicalmente el espacio de actuación de las ONG, restringiendo sus márgenes de maniobra, debilitando su legitimidad e imponiendo una lógica de subordinación al poder y al capital
Todo ello abre un gigantesco desafío existencial para la humanidad que está poniendo en peligro las bases mismas de la convivencia pacífica y la estabilidad del planeta. Asistir a las mayores atrocidades que desde la Segunda Guerra Mundial se están cometiendo contra todo un pueblo en Palestina y Oriente Medio por el estado de Israel con el apoyo imprescindible de los Estados Unidos, y contemplar como en un momento de aceleración descontrolada del cambio climático y sus dañinos efectos sobre el planeta, el gobierno estadounidense abandona todos los acuerdos suscritos internacionalmente para limitar sus efectos, al tiempo que desde este país autorizan la explotación de pozos y yacimientos de hidrocarburos en valiosas zonas protegidas de un incalculable valor para la humanidad, son dos elementos de una larga lista de barbaridades que nunca pensamos que viviríamos, a los que se suman otros muchos horrores.
La transformación del espacio operacional de las ONG
Naturalmente que las ONG están viviendo en primera persona todas estas mutaciones, en algún caso porque están dañando profundamente las bases de su trabajo y hasta su capacidad para seguir actuando, pero también porque hay organizaciones que están participando de forma directa o indirecta en estos cambios impulsados desde algunos de estos poderes políticos y económicos posdemocráticos. Lo mejor y lo peor sale a la........
